21 / 08 / 2018

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El TDAH y otros trastornos

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TDAH Y OTROS TRASTORNOSEl TDAH contribuye a acentuar la vulnerabilidad del niño hacia otros problemas y dificultades.

Principalmente presenta comorbilidad con alteraciones en el comportamiento negativista (alrededor del 50% de niños con TDAH presentan este comportamiento), los trastornos de ansiedad, los problemas de autoestima, las dificultades de aprendizaje, la inestabilidad anímica, los arrebatos temperamentales y el consumo de sustancias tóxicas (esos últimos, muy frecuentes en adolescentes con TDAH).

Trastornos de conducta

La conducta adquiere un carácter oposicionista y desafiante, en forma de desobediencia reiterada, rabietas, desorden, insultos, conductas agresivas, etc. y esta forma de comportamiento suele desbordar a los padres. Estos niños tienen muchas dificultades para captar las demandas sociales del entorno y se muestran incapaces de suprimir comportamientos inapropiados, como hablar en clase, interrumpir y molestar a los compañeros. Tienden a ser molestos y ruidosos, por lo que suelen verse envueltos en muchos problemas sociales (a menudo discuten o se pelean con los compañeros). Esto les genera el rechazo por parte de los demás, son excluidos del grupo y no se cuenta con ellos para hacer distintos planes, como juegos, deportes, fiestas… La consecuencia de todo esto es que el niño con TDAH ve limitadas sus oportunidades de aprendizaje social.

Dificultades de aprendizaje y rendimiento académico

Presentan dificultades de funcionamiento académico, como se demuestra con las notas o con las repeticiones de curso o las evaluaciones de sus maestros. Casi todas las áreas escolares están afectadas, pero especialmente las matemáticas y la lectoescritura, que se resienten de las dificultades atencionales. De todas formas, la trayectoria académica suele ser muy desigual, porque unos días tienen un buen rendimiento y otros el rendimiento cae. Estos últimos suelen ser los más frecuentes.

Hay algunos elementos que pueden ayudar al niño a conseguir un mejor su funcionamiento, la calidad de los refuerzos ambientales, por ejemplo, o que el profesor sea sensible al problema del niño y tenga ganas de colaborar, que la estructura del colegio lo permita o que los padres estén bien informados y motivados para ayudar al niño. También ayuda la capacidad propia de desarrollar estrategias particulares y mecanismos compensatorios, como llevar un determinado orden en la lectura y la escritura o utilizar avisos en los apuntes.

Trastornos emocionales o afectivos

Según van pasando los años, tanto en casa como en el colegio, estos niños se han ido acostumbrando a que los adultos y sus compañeros estén muy pendientes de ellos, debido a su comportamiento marcado y molesto. Con el tiempo, se van acumulando un gran número de reproches y comentarios negativos sobre su conducta, y lo que es peor, sobre su persona.

Así, el niño hiperactivo va configurando una imagen y opinión negativa sobre si mismo, que tiene que ver con la opinión que los demás le expresan a él. La depresión suele ser la resultante del déficit de autoestima, de los cambios de humor, de la irritabilidad y de la poca tolerancia a la frustración, así como del rechazo o aislamiento en la escuela, del que puede ser objeto.

Los niños con TDAH tienden a atribuir a causas externas tanto de los acontecimientos positivos como de los negativos. Es decir, suelen pensar: “he sacado buena nota porque le caigo bien al profe”, no porque se lo merezca o se haya esforzado, y también: “siempre me castigan porque me tienen manía”, no porque siempre esté interrumpiendo o molestando.

Estos niños suelen manifestar un sentimiento de culpa y una pobre autoestima. Además, se sienten incapaces y no entienden por qué los demás están siempre enfadados con ellos. Esto aumenta más su sentimiento de tristeza y sus dificultades para integrarse.

Tratamiento habitual

El tratamiento debe centrarse conjuntamente en el niño, en los padres y en la escuela, para que los efectos puedan mantenerse y extenderse en todos los ámbitos (cognitivo, emocional y social). Normalmente, una vez realizado el diagnóstico por un especialista (o lo que sería mejor, un grupo multidisciplinar formado por pediatra, psiquiatra y psicólogo), el tratamiento consiste en una combinación de terapia cognitivo – conductual individualizada y tratamiento farmacológico para los casos de mayor gravedad; además de pautas educativas para los padres y técnicas conductuales para aplicar en casa y en el aula. La duración del tratamiento puede variar en función de la edad del niño, de la gravedad del problema y de los trastornos asociados y de la calidad de la red de apoyo familiar y escolar.

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