20 / 10 / 2018

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Padres y TDAH

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PADRES Y TDAH 1En primer lugar los padres necesitan comprender el TDAH que presenta su hijo. Conocer que las dificultades de convivencia de su hijo en el colegio y en el hogar están relacionadas con un problema clínico (y no son debidas a una falta de educación, por ejemplo), esto contribuye a reducir el estrés y a evitar el sentimiento de culpa, además, les sirve de motivación para emprender un tratamiento.

Los padres deben ser conscientes de la problemática y colaborar en el tratamiento junto con los médicos, psicólogos y profesores.

Los padres necesitan un “entrenamiento” previo que suele consistir en instrucciones y pautas generales, ensayos o ejemplos prácticos donde se ven situaciones problemáticas, cotidianas para ellos, y cómo abordarlas mediante la asignación de tareas, es decir, se les marca una “agenda” con estrategias para ser llevadas a cabo en casa.

Normalmente el entrenamiento de los padres está desarrollado en torno a tres elementos destacados:

a) Analizar las relaciones padres – hijo, para ver concretamente cuáles son las distintas situaciones conflictivas y plantear posibles soluciones.

b) Entrenamiento específico para saber distinguir las conductas problemáticas de su hijo, haciendo especial hincapié en las circunstancias previas a esa conducta problemática y sus posteriores consecuencias (saber qué, concretamente. le lleva a una rabieta, por ejemplo, y cuáles son las consecuencias de esa rabieta en concreto, porque no todos son malos comportamientos).

c) Se les enseña a reforzar o premiar conductas positivas y a ignorar las negativas.

Con estas medidas se consigue un mejor ambiente familiar y se reduce un poco el estrés y la frustración que el trastorno genera en los padres.

Las técnicas operantes

También se realiza un entrenamiento sobre técnicas operantes para conseguir, en términos claros y sencillos, aumentar, mantener o eliminar una conducta. Las más aconsejadas para este tipo de problemas son el reforzamiento positivo de conductas, la extinción de conductas negativas, la sobrecorrección de conductas centrada en las consecuencias y la economía de fichas.

El reforzamiento positivo consiste en premiar o felicitar abiertamente al niño cuando hace algo bien, algo que antes hacía mal. Por ejemplo, si un niño con TDAH, se levanta cinco veces antes de acabar de hacer un ejercicio, se le permite jugar a un juego que él elija después de acabar la tarea sin haberse levantado. Si por ejemplo, se levanta, pero menos
veces, lo correcto, sería al menos, felicitarle cuando acabe, tipo “ – Buen trabajo!!” o “- Bien hecho!!”.

La extinción de conductas, por el contrario, consiste en suprimir el reforzamiento de una conducta que antes se reforzaba. Para que nos entendamos, siguiendo con el ejemplo anterior, si el niño continua levantándose antes de acabar la tarea, aunque sólo sea una vez, dejar de felicitarle, instarle a que vuelva a sentarse para que acabe (pero sin regañarle, simplemente llamando su atención), recordándole que podrá jugar a lo que él elija, cuando termine.

La sobrecorrección consiste en reparar o restituir los efectos de las conductas destructivas (pintar en una pared, tirar cosas por el suelo, etc.) con la práctica positiva de una conducta adaptada (limpiar el suelo de toda la casa, repintar toda la pared…). Esta técnica supone que las consecuencias de un enfado o una rabieta, serán solucionadas de manera que lo que haya que hacer para arreglar lo estropeado, suponga mayor esfuerzo para el niño que lo que habría supuesto hacer lo que se le decía. Por ejemplo, si un niño con TDAH tira toda su ropa por el suelo, cuando se le dice que tiene que ponerse el pijama para ir a dormir, se le ordenará recoger, además de la ropa que ha tirado, y colocar el resto de la ropa de sus cajones.

La economía de fichas es una técnica muy utilizada y aplicable a muy diversas situaciones para conseguir un cambio en la actitud y comportamiento de los niños con TDAH. No sólo se utiliza con niños que tienen este trastorno, también se utiliza en niños y adolescente con otras problemáticas, como la agresividad, por ejemplo. Se trata de puntos que se van entregando al niño, a medida que va realizando sus tarea y se porta bien en determinadas situaciones, etc. En definitiva, se le dan “puntos” cuando ha realizado una conducta positiva previamente establecida. Los puntos tienen un valor determinado y se pueden canjear al final del día o de la semana por algún tipo de privilegio, como ver la televisión, recibir unas monedas, tener un plan especial, o lo que es más positivo, tener la oportunidad de recibir un mayor reforzamiento social, como jugar más tiempo con los padres o hacer planes divertidos con ellos. Hay que recordar que estos niños tienen una baja autoestima y un elevado sentimiento de culpa, por eso es más efectivo para ellos un premio que consista en jugar o divertirse con sus padres, para que se sientan queridos y apreciados, y ver que no siempre están enfadados con sus conductas. Para ellos esto resulta más atractivo que jugar a un videojuego ellos solos, por ejemplo. También pueden incluirse puntos negativos, que se aplicarían por portarse mal o no hacer alguna tarea, o por presentar alguna conducta negativa. Los puntos negativos, pueden servir, por ejemplo, para eliminar puntos conseguidos o acumularse para un castigo posterior, como podría ser cancelar un plan previsto o mandarle hacer algo que no le guste, como recoger su habitación, por ejemplo.

El uso de este tipo de técnicas es útil para mantener las consecuencias ambientales derivadas de las conductas hiperactivas del niño. A los padres, durante el tratamiento del niño, se les enseña a buscar comportamientos y actitudes positivas de sus hijos entre tantos comportamientos negativos (seguro que hay muchas cosas que el niño hace bien, pero como normalmente son las que hace mal, las que llaman más la atención, las positivas pasan desapercibidas para ellos). Esta tarea suele ser difícil al principio a causa de la preocupación y el enfado de los padres por el comportamiento del niño. Hay que recordar, como ya se ha dicho anteriormente, que es más efectivo reforzar las conductas positivas que castigar las negativas. Este cambio de actitud de los padres, además de la comprensión del problema de su hijo, crea un ambiente familiar más agradable y positivo para el tratamiento.

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