19 / 11 / 2017

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Los casos que no se solucionan

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CASOS QUE NO SE SOLUCIONANDesde el punto de vista de la Terapia Sistémica y Cognitivo Conductual, incidir en el sistema familiar mediante terapia familiar es un enfoque acertado para conseguir cambios en las conductas.

Aunque por los motivos que vamos a ver, los casos no acaben teniendo una solución total (en muchos casos no se puede hacer más que paliar la gravedad), en general, todas las intervenciones psicoeducativas acaban teniendo unos efectos positivos en las conductas del niño, en los componentes del sistema familiar (madre, padre, hermanos, abuelos, familia extensa) y en las de su entrono (amigos, tutores, profesores, pediatras, etc. …) ya que, con un mínimo de intervención, se consigue:

  • Clarificar en gran medida las posiciones y los puntos de vista sobre las conductas disruptivas.
  • Evaluar externamente el diagnóstico. (Si lo hay)
  • Evaluar externamente el tratamiento. (Si lo hay)
  • Aceptar las dificultades que suponen tales conductas.
  • Reducir el nivel de ansiedad (se reducen inicialmente la tensión y la perturbación emocional).
  • No empeora el clima familiar (no se incrementan, o se reducen de forma significativa, los episodios de conflicto mientras dura la intervención).
  • Los problemas de conducta no derivados de patologías suelen remitir en pocas sesiones.

Pero algunos casos no acaban teniendo solución o se complican aún más.

¿Qué obstaculiza y dificulta la solución de los problemas de conducta en el niño?

  • La edad y la naturaleza de la etiología del problema, y su grado de afectación, dificultan en muchos casos un diagnóstico correcto.
  • La impericia y la falta de experiencia de los profesionales que atienden la realidad del niño y acaban desorientando a unos y otros.
  • La actitud negativa de los padres ante las conductas que deben corregirse (las de los niños y las suyas propias). Esta actitud se traduce en formas de ansiedad, impaciencia, claudicación, incoherencia, inseguridad, terribilitis, profecías autocumplidas, prejuicios… que en nada ayudan. Especialmente los padres intermitentes y/o los padres tóxicos, suelen ser los perfiles que más dificultan alcanzar una corrección (no digo ya una mejora) de las conductas de sus hijos.
  • Que no se lleven a cabo las pautas y los ejercicios prescritos para las intersesiones. Si las pautas no se llevan a cabo no se producen los cambios en las conductas.
  • La creencia por parte de los padres de que ellos no deben modificar sus conductas y que con la sola visita del terapeuta hay suficiente.
  • Los padres no implicados y los padres con diferentes valoraciones sobre la realidad del niño. Sin complicidad parental.
  • La discontinuidad en el tratamiento por variaciones e interrupciones en el calendario del plan de trabajo (anulaciones de citas e incomparecencias).
  • La descoordinación entre los implicados (padres, profesores, asistentes socio-sanitarios.)
  • La falta de adherencia terapéutica.
  • Los diagnósticos equivocados o contradictorios, los sobrediagnósticos, y por tanto, los tratamientos inadecuados.

Los casos que no se tratan correctamente, es decir, con un diagnóstico precoz y acertado, suelen enquistarse y entrar en una espiral de conductas desadaptadas que se agravan y retroalimentan en el ámbito familiar y/o escolar. Cuando las conductas “desadaptadas” aparecen de forma reiterada en ambos entornos, la familia y la escuela deben buscar ayuda.

Las conductas de tipo disocial que no se tratan acaban dando graves problemas.

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