22 / 11 / 2017

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¿Cuándo empezar a poner límites a mi hijo?

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PONER LÍMITES A LA CONDUCTA DE LOS NIÑOS¿Cuándo empezar a poner límites a mi hijo?

Desde el principio. A los niños hay que ponerles límites desde que nacen; se trata de un proceso paulatino de aprendizaje. Cada edad necesita de unos límites, diferentes y adaptados a cada niño. Son necesarios para su crecimiento. A través de ellos aprenden a comportarse. A saber hasta dónde pueden llegar, qué pueden hacer y qué no.

Antes del año

Las normas giran en torno a los hábitos que va adquiriendo, como la alimentación, el sueño y su seguridad. A esta edad no entiende lo que le dices, pero captará tu tono de voz. Por eso hay que ponerle mucho énfasis  a las órdenes, puedes ensayarlo varias veces antes. Utiliza un “no rotundo” (ojo, no gritando, sino firme y serio) y el “si fehaciente” para señalar lo que quieres que haga.

A partir del año

A esta edad tu hijo se ha convertido en un explorador. Si hasta ese momento te habías pasado medio día diciéndole “eso no se toca”, a partir de ahora te pasarás el día entero. La paciencia tendrá que ser tu mejor aliada y cuando te desesperes recuerda: tu hijo no sabe qué puede y qué no puede hacer, así tendrás que repetírselo insistentemente. Está aprendiendo y eso lleva su tiempo.

Entre al años y medio y los dos años

Las normas ya pueden incluir otras palabras además del sí o no. Entiende órdenes simples, es decir, las formadas por dos o tres palabras. Si añades muchas más, no podrá deducir lo que le pides. Recoge, trae, cierra, ponte de pie, cierra…

Entre los dos y los tres años

Es el periodo conocido como la “edad del no” y de las temidas rabietas. Es habitual a esta edad oírle con mucha frecuencia el “yo solito”. Es la época en la que la necesidad de autonomía lo lleva a intentar hacerlo todo por su cuenta. Además acaba de aprender que no tiene que hacer lo que tú le pidas, porque  con un “no” puede conseguir evitar esas tareas. Mantenerte firme y saber dar órdenes te ayudará a superar con éxito esta etapa y el pequeño irá integrando las normas. Habrás adelantado mucho para que tu hijo te obedezca, no sólo ahora, sino a lo largo de toda su infancia y adolescencia.

A partir de los tres años

Toman especial relevancia las consecuencias que pongas a su conducta. Utilizándolas puedes lograr aumentar o disminuir los comportamientos de tu hijo. Es el momento idóneo para acostumbrarte a enseñarle mediante consecuencias y evitar errores ineficaces, como las regañinas interminables o las generalizaciones del tipo: “Vas a ser bueno, vas a obedecernos”, “No lo volverás a hacer”, que, además de aburrir al niño, no tienen otra utilidad.

Establece las normas en función de su edad y sus capacidades. No le pidas que ponga la mesa, pero sí que lleve su plato. Asegúrate de que se cumplen consecuencias tanto cuando cumple como cuando incumple límites. “Me has sorprendido, ¡qué mayor eres! Pero si ya llevas tu plato solito”, “Cuando leves el plato a la mesa, empezarás a cenar”.

Entre los cuatro y los cinco años

A esta edad es habitual que tu hijo pase por etapas de desobediencia. Mantenerte firme y ser constante en la aplicación de consecuencias te ayudará a superar con éxito este periodo, y no sólo eso, sino que será un gran momento para que tu hijo interiorice las normas y las convierta en hábito.

Si tu hijo con 5 años recoge con tu ayuda la habitación o los juegos tras una divertida sesión de ocio, aunque aún tengas que decírselo siempre que hay que hacerlo, las probabilidades que el día de mañana mantenga el orden sin que nadie le diga nada serán muy altas.

A partir de los seis años

Si has puesto normas anteriormente y has sido consecuente, comienza un periodo más tranquilo en el que las rabietas y rachas de desobediencia disminuyen y están más espaciadas en el tiempo. Y si no lo has hecho, probablemente empezarás a pensar que tiene un pequeño tirano en casa. Nunca es tarde para hacerlo, aunque el esfuerzo será un poco mayor.

A partir de esta edad, si tu hijo entiende los límites o normas que hay en casa y los respeta, aumenta la probabilidad de que observe los límites en otros ambientes (en casa de los abuelos, tíos, amigos, colegio…). Además ha llegado el momento en el que piden hacer excepciones con normas y utilizan su recién estrenado dominio del lenguaje para argumentarlo. Son sus primeras opiniones y hay que escucharlas. A partir de ahora pedirá negociar: “Me ducho mañana por la mañana”, “Voy a casa de Javi a por un juego y luego termino los deberes”, “¿Puedo ver hoy la tele mientras ceno?”.

A partir de ahora las negociaciones y los acuerdos marcarán las normas. Hacerlo entrena a padres e hijos en lo que debería ser la pauta de gestión de la convivencia durante la adolescencia del niño.

Un niño sin límites es un niño que siempre quiere más, que nunca tiene suficiente. Y las conductas de un adolescente que nunca ha tenido límites son las mismas, pero con más capacidad para hacerlo así: llegará a la hora que quiera a casa, se levantará cuando le de la gana, tendrá su habitación hecha una leonera… y será más difícil que comprenda que no puede hacer lo que desea en todo momento.

Cuanto más pequeño sea tu hijo menos te costará ponerle límites y a él aprenderlos.

El aprendizaje de las normas se realiza de forma progresiva. Esto no significa que si lo aprendió con 3 años vaya a ser un niño ejemplar a los 8, sino que, aún protestando, será más fácil que entienda el beneficio de respetarlas.

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