17 / 08 / 2017

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Educar en valores

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educar-en-valoresPara educar en valores tenemos que considerar que en toda convivencia se deben dar unos valores mínimos imprescindibles, como el respeto, la tolerancia, la empatía y la honestidad.

El respeto

Frecuentemente los adultos no practicamos el más mínimo y necesario y tampoco lo enseñamos a los menores. No existe ninguna consideración por encima del respeto. No se puede justificar de ninguna manera, en la convivencia cotidiana, la falta de respeto, ni porque creamos tener razón, aunque sea así, ni porque el comportamiento del otro no sea justo y, ni tan solo, porque previamente alguien nos haya faltado el respeto. La falta de respeto nos da derecho a reclamarlo, pero no a faltarlo o perderlo. El respeto se debe defender con respeto, y la base del respeto es el aprecio y el valor intrínseco de todo ser.

A la hora de enseñar a los niños un concepto tan amplio como el “respeto”, se deben trabajar todas y cada una de las situaciones a las que se debe prestar especial atención:

  • Se debe respetar a las personas cuando nos dirigimos a ellas, su intimidad y sus características físicas y mentales.
  • Se debe respetar la opinión, la tranquilidad, la propiedad y la libertad de los otros.
  • Se debe respetar el descanso, la confidencialidad, la dignidad, las decisiones y el derecho que todos tenemos de no tener que demostrar nada a nadie, ni a justificar nuestro comportamiento.
  • Se debe respetar el derecho que todos los seres humanos tenemos a ser como somos, seamos como seamos.

La tolerancia

Del principio del respeto nace el concepto de “tolerancia”.

Todos los seres humanos tenemos derecho a ser como somos. De la misma manera que con el respeto, también se deben de mostrar y enseñar todos los aspectos de la tolerancia.

Tolerar implica admitir, aceptar.

Es la disposición a admitir en los otros una manera de ser, de pensar  y de obrar diferente a la nuestra. Tolerar implica apreciar las características diferenciales de cada persona.

Por otro lado, es frecuente que, una vez llegado el punto en que se comprende el concepto y los límites de la tolerancia, la tolerancia en sí misma no se practica. La práctica de la tolerancia implica no sólo entender sus ventajas y sus inconvenientes, sino también pensar de una manera adecuada en todo momento: tener siempre presente y pensar que todo el mundo tiene derecho a ser como es. Para ello es importante y necesario aprender a pensar.

La honestidad

La honestidad es un valor del que con frecuencia se habla pero se practica poco.

Tendríamos que se más honestos y aceptar que todos decimos mentiras alguna vez. Y no vale decir que las mentiras de los otros son mentiras, pero que las nuestras son mentiras piadosas. Indudablemente es mucho más honesto decir la verdad. Tenemos que enseñar al niño que se sentirá mejor si dice la verdad y hace que los otros confíen en sus palabras. De la misma manera que la compasión es la base de la empatía, la confianza fomenta la honestidad.

En la base de la honestidad se encuentra la confianza y la necesidad de no traicionarla. Los menores suelen decir mentiras para evitar una bronca, o para hacer lo que quieren y que saben que probablemente no podrían hacer si dijeran la verdad. Es importante proceder teniendo presentes algunos puntos:

1. No tenemos que regañar o castigar al menor por el hecho de que nos explique que ha tenido un mal comportamiento, o que ha cometido un error o una hecho una tontería, porque la única cosa que conseguiremos es perder su confianza.

2. Le tenemos que enseñar que una bronca sólo es una bronca, una advertencia sobre las consecuencias de las conductas.

3. Le tenemos que enseñar que hacer siempre lo que quieren no es ni ideal ni posible, y que no hacerlo, tampoco es infernal. Ya se hará otro día.

4. Se le debe agradecer la confianza que nos demuestra y que nos haya explicado lo que ha hecho malamente.

5. Tenemos que reflexionar, analizar la cuestión y ofrecerles alternativas de comportamiento diferentes para el futuro. Es importante que vea en los adultos una ayuda para sus problemas, no una amenaza.

6. La confianza se debe ganar. No hemos de demostrar al niño o adolescente que dudamos de su palabra. Si él lo dice, es cierto, y no hay ninguna razón para dudarlo.

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