19 / 08 / 2017

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Hablar de temas difíciles con los hijos

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HABLAR DE TEMAS DIFÍCILES CON LOS HIJOSPara empezar nos podríamos preguntar ¿por qué hay temas de los que se nos hace difícil hablar?

En la sociedad actual cualquier tema es visible y existe mucha información y maneras de abordarlo. Pero sobre el sexo, la droga, la muerte , la enfermedad… seguimos en muchos casos sin saber cómo posicionarnos y cómo afrontarlos.

No son unas cuestiones que se resuelvan hablando una única vez y a una determinada edad. Se debe hacer siempre y de manera diferente según el momento que viva nuestro hijo, ya que son temas cíclicos. Aquellos aspectos que afectan profundamente los sentimientos, el bienestar interior, se deben de ir hablando a medida que van creciendo y se pueden captar nuevas informaciones, nuevas inquietudes, nuevas dudas que afectan profundamente a la persona. No son ciencias naturales o problemas de ortografía. Se deben renovar constantemente las explicaciones dadas.

Tenemos que saber cómo nuestras actitudes afectan a nuestros hijos. No nos van a hacer preguntas si han captado que este tema nos incomoda (esta capacidad la adquiere de forma plena a los 6 años). Si ocurre esto, buscará la información por otra parte, con los riesgos que esto puede suponer.

Estos temas siempre aparecerán y la información sobre ellos siempre debe ser verídica y clara. Mejor hablémoslo antes en la pareja, en el núcleo familiar, y lo tendríamos que hacer sin ayuda de libros, aunque todos los recursos pueden ser buenos en un momento determinado, ni que sea para encarar el tema o ampliarlo.

¿Cómo hablar de estos temas?

Si consideramos que son aspectos básicos de la vida, se debe empezar sin esperar. Cuando surjan los temas. Tampoco hay que crear una situación para abordarlo. Frecuentemente la solemnidad con que proponemos iniciar la conversación para “resolver las posibles dudas que tengas” provoca un ambiente poco propicio para la naturalidad. Iniciar el tema con preguntas del tipo: “¿Qué sabes?” “¿Quieres que hablemos?” “¿Quieres que lo aclaremos?”, genera un ambiente poco apropiado para facilitar la comunicación y acabamos haciendo frases tópicas, “Cuando quieras lo preguntas” o damos recomendaciones frecuentemente extremas y basadas en riesgos: “Debes vigilar” “Es importante” “Hay riesgos”, y nos ponemos a su disposición en cualquier cuestión.

Esta manera de afrontar la situación genera más distancia entre nosotros y nuestros hijos y puede cerrar muchas posibilidades de poder hablar, especialmente durante la adolescencia.

Por tanto todos estos temas, igual que cualquier otro, deben estar integrados en las conversaciones familiares y sin ninguna “distribución” especial: de sexo, la madre habla con las niñas, el padre con los niños; el pare da explicaciones racionales, la madre más emotivas.

No tenemos que creer que estamos hablando de temas excepcionales y que, por tanto, se debe vigilar. Puede que, en un momento determinado, nuestros hijos vengan directamente a uno de nosotros y nos hagan una pregunta. En este caso se le da la respuesta. Es muy importante que sepan que pueden preguntar a cualquiera de nosotros y que recibirán las mismas explicaciones. Deben de ser conscientes que si hay diferencias es porque se trata de personas diferentes, no porque les demos aspectos diferentes de la misma información.

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