22 / 09 / 2017

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Controlar el uso del móvil

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CONTROLAR EL USO DEL MOVILOcho de cada diez adolescentes ya tienen móvil y la edad de introducción, actualmente en los 12 años, coincidiendo con el inicio de la enseñanza secundaria, se está adelantando a los 10.

Muchos de estos niños se convierten en huérfanos digitales, ya que sus padres no serán sus referentes en este tema. Con esta ignorancia generacional sobre el comportamiento social en las redes, los progenitores se verán obligados a enfrentar dudas sobre cómo proteger y educar a sus hijos. La rapidez e intensidad con la que los adolescentes están entrando en la redes sociales hace zozobrar las convicciones de los adultos. ¿Cómo respetar su derecho a la intimidad protegiéndolos de riesgos y peligros para los que no están preparados? No despreocuparse, pero tampoco entrometerse.

Los jóvenes quieren estar conectados al mundo, colgar sus fotografías en las redes sociales, recibir comentarios y aprobación de sus amigos conocidos o desconocidos, quieren dar su opinión sobre lo que les interesa, formar parte de grupos de whatsapp de los colegas, estar al corriente de todo aquello que hacen sus ídolos. Con un buen uso, el smartpfone les supone un universo de diversión, evasión y comunicación. Pero internet es como una selva. La comunicación entre sus iguales genera ciertos riesgos, como que el animal más agresivo se coma al vulnerable, y la exposición al exterior, otros peligros aún de mayor calado, como el grooming (pederastas que echan su red en círculos de menores sirviéndose de artimañas) o el consumo de material pornográfico destinado a adultos.

CONTROLAR EL USO DEL MÓVILEntre los mayores riesgos, el bullying y el sexting (la práctica de pasar fotos o vídeos íntimos vía móvil). No cabe hablar de palabras propias de adultos como injuria, calumnia, extorsión, amenaza, chantaje o coacción, pero sí es cierto que los menores exploran los significados de este tipo de comportamientos consciente o inconscientemente. Siempre ha sido así, sólo que ahora se traslada del acotado patio de la escuela al móvil, con grupos de círculos cada vez mayores.

Un comentario inapropiado, una foto “graciosa” pero que es vejatoria, una imagen captada en la intimidad y que es divulgada, … El problema es que el daño se magnifica, pues salta de un grupo de wahtsapp a otro, por lo que la víctima ya no tiene círculos de tranquilidad, y sabe que eso ya nunca se borrará. Los padres deben saber que su hijo puede ser la víctima, el agresor o formar parte del grupo de testigos. Sea cual sea su papel, la acción debe ser inmediata para acabar con el daño y enfrentar al agresor a sus consecuencias.

La vigilancia parental debe estar por encima del derecho a la privacidad del menor y debe prevalecer el deber del padre a proteger a su hijo.

Las leyes van a favor del menor que reclama mayor intimidad (Ley del Menor y la inviolabilidad de su correspondencia); sin embargo, ante la sospecha de ciertas circunstancias que puedan afectar a su vida, el padre puede ejercer el artículo 154 del Código Civil, que señala que los titulares de la patria potestad deben velar por los menores, educarlos y procurarles una formación integral. En última instancia, si el menor se niega a colaborar, hay que acudir a la policia si existe una sospecha fundada de que está siendo expuesto a un peligro.

Se trata de ejercer un control indirecto, no sistemático. No puede ser de otro modo, pues es imposible leer todos los whatsapp continuamente. Los padres tienen una difícil tarea por cuanto las necesidades laborales impiden que puedan estar con sus hijos por las tardes, cuando ellos necesitan usar internet para hacer sus deberes. Debemos asumir que la seguridad al cien por cien no estará nunca garantizada por mucho que hagamos y que debemos hacer. Son muy hábiles con las tecnologías y saben cómo ocultar ciertas prácticas, por lo que funcionan sin demasiado control parental.

La cuestión está en establecer unas normas que permitan cierta supervisión y hablar, hablar y hablar con ellos. Un móvil debe ir acompañado de instrucciones de uso, pero no sólo en el acto de entrega, sino tambien en el proceso de uso autónomo. Educar en valores antes y durante la adolescencia nos ayudará a hacer un uso racional y no conflictivo del móvil. Los valores que el niño haya recibido en su entorno familiar y escolar serán determinantes.

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