26 / 05 / 2019

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Factores del retraso en el habla

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FACTORES DEL RETRASO EN EL HABLA¿Qué factores pueden producir retraso en el habla?

Cabe señalar, en primer lugar que, sea cual sea la evolución ulterior del lenguaje, el trastorno en esta cualidad comienza por igual en la primera infancia, tanto en los casos graves como en los benignos o más corrientes.

Los retrasos del lenguaje verbal van desde las formas benignas, que se mejoran y superan sin dejar secuelas como ocurre con los “retrasos simples”, hasta las formas graves o severas, que crean un menoscabo duradero, comportando consecuencias negativas para el aprendizaje y rendimiento escolar.

Estos retrasos pueden ser generados por una multiplicidad de factores de los que, aparte de la predisposición hereditaria, se describen otros como:

  • Déficit auditivo y visual
  • Retardo en el desarrollo intelectual
  • Lesión cerebral en la infancia
  • Retrasos en la evolución corporal
  • Influencia defectuosa o negativa del entorno

Puede deberse también a procesos asociados y mixtos; dado que no siempre existe una sola causa aislada que pueda ser responsable del retardo. Por ejemplo, el niño puede ser sordo y tener retraso mental, tener una parálisis cerebral y una sordera, y así muchas variantes.

Todo estos factores causales, entre otros, nos indican que la naturaleza del retraso del lenguaje verbal o habla es bastante compleja, siendo difícil identificar y aislar una causa y/o jerarquizarlas en orden del grado de su influencia. Esto se debe a que dichos factores se encuentran interrelacionados, afectando e interfiriendo como un todo la adquisición y desarrollo de esta cualidad que es importante para la actividad comunicativa, cognoscitiva y adaptativa del individuo.

Por lo general se suele exagerar la relación entre las enfermedades de los órganos del habla y el retraso del habla. Las alteraciones incluso más graves de dichos órganos, tales como la fisura palatina, retrasan el desarrollo pero no lo impiden.

El grado y la amplitud de un retraso o perturbación del lenguaje suele relacionarse directamente con la gravedad del defecto de los órganos; sin embargo, hay niños que con notables anomalías dentales no tienen perturbación alguna del habla. Ciertamente, las anomalías dentales pueden favorecer la manifestación de ciertos defectos, pero no son necesariamente una causa obligada.

Las enfermedades de los órganos periféricos del habla suelen también entrar en juego como causas secundarias de estos retrasos, por ejemplo, la presencia de pólipos (vegetaciones adenoidales) muy desarrollados hace que el niño padezca de constantes inflamaciones de la región rinolaríngea, afectando al oído y produciendo a veces una disminución e, incluso, una sordera auditiva que da lugar al retraso en la adquisición y expresión del habla.

En los niños que padecen de anginas (inflamaciones de las amígdalas), a menudo las amígdalas están dañadas, por lo que son propensos a las enfermedades infecciosas, a causa de cuya frecuencia se suele producir un retraso en el desarrollo corporal y psicomotor, que influye desfavorablemente en la evolución del lenguaje.

Por eso es importante el cuidado de los órganos del habla, ya que enfermedades como las indicadas, que suelen ser originadas por una simple gripe u otras enfermedades similares y aparentemente inocuas, pueden afectar el desarrollo normal del habla, con las consecuencias negativas que no sólo tienen repercusión en la calidad del habla sino también en la adaptación o ajuste al medio social.

Déficit auditivo y visual

Hemos descrito ya anteriormente que el oído intacto es una de las condiciones importantes para aprender a hablar, dado que esta adquisición en sus inicios se basa fundamentalmente en el circuito “audición-fonación”. De allí que cuando esta capacidad auditiva está ligeramente disminuida suelen producirse retrasos en el desarrollo del habla.

Aparte del oído, el niño también necesita ver bien para aprender el lenguaje de quienes le rodean. Aquí la imitación, o aprendizaje por observación, contribuye en gran medida a dicha adquisición. Los niños suelen observar e imitar los movimientos que produce la boca de sus padres al hablarles.

No es ninguna casualidad, por ejemplo, que entre las primeras palabras del niño se encuentren las expresiones /papá/ y /mamá/, pues la /p/ (pe) y la /m/ (eme), son sonidos labiales, precisamente los más fáciles de observar e imitar.

Sin embargo, el niño no solamente imita los movimientos del habla, sino también la mímica y los gestos que acompañan y forman parte de la expresión del lenguaje, desempeñando la vista un papel importante como parte del proceso total de esta adquisición.

Tal hecho no es posible en los niños ciegos, ya que éstos carecen de esta posibilidad, no siendo extraño que el 35 al 41 por ciento de ellos tengan perturbaciones y serias dificultades en la adquisición del lenguaje verbal.

Retardo en el desarrollo intelectual

El pensamiento y el lenguaje constituyen una unidad. Por eso, si la capacidad mental de un niño está disminuida, repercutirá forzosamente en su lenguaje. Empero, no se puede afirmar tajantemente que cuanto menor es la inteligencia tanto mayor será el retraso en la evolución del lenguaje.

Hay casos de niños con un nivel de inteligencia ostensiblemente disminuida, pero pese a ello aprenden a hablar bastante bien. En cambio, hay otros con déficit intelectual muy ligero y suelen presentar perturbaciones muy considerables del habla.

Para saber si un niño es retrasado mental, es necesario que el psicólogo lo examine con tests de tipo no verbal, determinando su cociente intelectual y, de ser de un nivel inferior, es probable que ésta sea la causa del retraso del habla.

Así pues, cuando el retraso obedece a un déficit mental, la activación del desarrollo del lenguaje no es más que parte de un programa integral de estimulación o habilitación, en el que se toma en cuenta una serie de aspectos del comportamiento integral del niño, así como el soporte familiar, donde los padres desempeñan un papel importante y trascendental.

Lesión cerebral en la infancia

Las lesiones cerebrales de la temprana infancia no son equiparables a la perturbación del déficit mental. Es cierto que un niño con esta deficiencia puede haber experimentado una lesión cerebral antes o después del nacimiento, pero no es verdad que toda lesión del cerebro durante la primera infancia provoque necesariamente déficit mental o retraso en la adquisición del habla.

Pero, si los centros cerebrales que intervienen en el proceso de adquisición del habla (hemisferio izquierdo) no funcionan a causa de una lesión en la temprana infancia, aflorarán perturbaciones masivas del habla. Otros casos en que las lesiones son en zonas específicas del cerebro, suelen producirse perturbaciones típicas del lenguaje, tal como ha demostrado Luria en sus estudios clínicos con pacientes con lesiones cerebrales de la segunda guerra mundial.

Sin embargo, se sostiene que los retrasos del habla debido a lesiones cerebrales en la temprana infancia van frecuentemente ligados a las perturbaciones cerebrales de tipo motor. Son conocidos, por ejemplo, los espásticos, quienes muestran una destacada inteligencia, no obstante, pueden tener notables trastornos del movimiento y del lenguaje.

Cabe señalar que felizmente nuestro cerebro está hecho de tal manera que las funciones de las partes dañadas pueden ser compensadas la mayoría de las veces por las partes sanas. Empero, esto no ocurre de manera espontánea, pues, para lograrlo es preciso una rehabilitación y entrenamiento intensivo.

Retrasos en la evolución corporal

El desarrollo del habla no se puede separar de la evolución corporal. Si el desarrollo corporal va retrasado, por ejemplo a causa de un nacimiento prematuro, con poco peso y con graves perturbaciones nutritivas, no se debe esperar que la evolución del habla transcurra normalmente.

En estos niños se observa a menudo lo que se denomina “intervalos mudos”, que consisten en un período de tiempo durante el cual el niño “entiende” lo que se le habla, pero él no “sabe o no puede” hablar.

Por tanto, los problemas de la evolución corporal son un factor causal del retraso en el desarrollo del habla.

Influencia defectuosa o negativa del entorno

Los órganos sanos no son más que uno de los factores que posibilitan la evolución normal del habla. De manera similar, la influencia del medio ambiente no es suficiente sin los anteriores. De allí que se considera que la función del habla se ejercita solamente mediante impulsos provenientes del exterior, influyendo en los órganos y demás estructuras que intervienen en esta adquisición.

Entre las influencias externas que producen retrasos o problemas en esta adquisición, se considera principalmente a las siguientes: estimulación deficiente del lenguaje verbal del niño, conflictos en la familia, las actitudes de los padres hacia el niño y muchas otras. Entre éstas se señalan:

a) Estimulación deficiente del habla

En los centros infantiles, tal es como las cunas, los cen- tros de educación inicial y otros similares, se ve claramente lo importante que es prestar atención al niño cuando habla. El cuidado, la alimentación y las condiciones higiénicas son frecuentemente mucho mejores en estos centros que en muchas familias. Por esto se podría pensar que dichos niños disponen de condiciones más favorables para su desarrollo en comparación a los niños de su misma edad que viven en familia. Lo cierto es que ocurre lo contrario, la atención de la madre es normalmente mucho mejor que la de cualquier institutriz, ama o asistenta social que cuida a muchos niños a la vez, dedicando poco tiempo a cada uno. El niño que vive en familia con su madre, escucha hablar mucho más que el de un centro infantil.

Sin embargo, si en la familia nadie tiene tiempo para ocuparse del niño, también se producirá una es- timulación deficiente del lenguaje. Al niño se le cuida y alimenta únicamente, pero carece del importante contacto con la persona (madre) que le atiende, dando lugar a retrasos en la adquisición y evolución del habla, incluso con consecuencias negativas en la comunicación del niño con los demás.

Esta falta de estimulación también la encontramos, a menudo, en los niños del campo. Éstos crecen en familias que hablan poco y, además, viven en lugares alejados y solitarios por lo que reciben una estimulación lingüística pobre y deficiente, lo cual hace que se retarden en el desarrollo de su lenguaje verbal.

b) Conflictos en la familia

La situación familiar juega un papel importante en el desarrollo del lenguaje del niño. Si éste se siente seguro en ella, se desarrollará normalmente. Pero si la familia es conflictiva, obstaculizará tal evolución.

Una familia emocionalmente estable suele brindar seguridad y confianza al niño, generando una condición favorable para el desarrollo armónico de su personalidad y, con ella, del lenguaje.

En cambio, una familia desorganizada y conflictiva suele generar una serie de desajustes emocionales en el niño, careciendo además de la ayuda y estimulación de sus padres en la adquisición del lenguaje, lo cual, por lo general, constituye un factor causal del retraso en el habla.

c) Actitudes de los padres

Hay padres, especialmente madres, que sobreprotegen a los hijos, provocando un retardo en el desarrollo del habla. Son personas que adivinan todas las necesidades del niño, actúan, piensan y hablan por él y no disciernen que esta protección exagerada, tan absurda, es en realidad negativa e invalidante.

En contraste a la sobreprotección, los padres que tienen actitudes indiferentes y rechazantes frente a las solicitudes o necesidades del niño, le crean sentimientos de minusvalía y desajustes emocionales que interfieren en el desarrollo de su lenguaje. Además, esta clase de niños suelen tener escasas oportunidades para aprender a hablar, debido precisamente a la indiferencia o rechazo de los padres.

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