22 / 11 / 2017

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Educación afectiva y sexual

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La eEDUCACIÓN AFECTIVA Y SEXUALducación sexual que se imparte a los adolescentes se hace tarde y se hace mal.

Hoy, la facilidad de acceso a la pornografía está determinando la educación sexual de los adolescentes y si (en el mejor de los casos) hasta la adolescencia (cuando aparece el riesgo de embarazo) no hemos empezado a hablar con nuestros hijos de relaciones afectivas y sexuales, hemos perdido mucho tiempo.

La sexualidad está presente durante toda la vida de la persona y esto en educación no se puede obviar.

La educación afectiva y sexual hay que trabajarla desde las primeras edades. El valor de las caricias, el placer que provocan las caricias deseadas, el contacto humano, las relaciones con el propio cuerpo, el reconocimiento de lo que te gusta y lo que no, todo eso debería formar parte de la educación afectiva y sexual. Nada de eso está recogido en los currículos académicos.

Todo lo anterior hay que hacerlo antes de que los chicos vean su primera escena pornográfica. Es importante empezar esta educación de forma temprana para que los chicos sepan y tengan unos principios, unos valores que hagan que el porno quede en el campo de lo anecdótico. Por curiosidad se accede a muchas cosas, pero lo que no se debe permitir es que la educación sexual que reciban sean esas imágenes y no sólo por las imágenes, sino por lo que simbolizan, pues reproducen relaciones de poder social: el hombre en el papel dominante y la mujer en el papel sumiso; relaciones genitalizadas que olvidan el valor del erotismo; son caricaturas estereotipadas de una verdadera relación sexual.

Con los más pequeños el tema debe abordarse trabajando la relación con su propio cuerpo y hablando no de sexualidad, si no de las sensaciones que el cuerpo experimenta ante los sentidos, el tacto, las emociones, los sentimientos, … la terminología se va introduciendo a medida que avanzan en el conocimiento del tema y según las respuestas que las criaturas van dando. Es fundamental tener claro que no debe de haber tabús. Igualmente se les debe transmitir, desde muy pequeños, no sólo la relación con el propio cuerpo sino con los demás. Si educamos para que se protejan así mismos, sin considerar “las necesidades del otro”, no lo estaremos haciendo de la mejor manera. La educación afectiva y sexual no es algo al margen de la educación de una persona, es parte integral.

La afectividad y la sexualidad deben educarse antes de llegar a la adolescencia, a los 15 años los adolescentes ya tienen una representación del mundo bastante construida. Un representación que podría incluir la pornografía como algo anecdótico. Tenemos que educar a los niños para que los adolescentes tengan herramientas intelectuales y afectivas que pongan en tela de juicio las cosas con las que inevitablemente se van a encontrar: por ejemplo, el porno o la publicidad, perpetúan relaciones de poder social claramente sexistas y discriminadoras. Si como adolescente no sabe nada del tema (“mis padres nunca me han hablado”) la información que tendrá sobre serán las imágenes que circulan por internet, porque no tendrá con qué contrastarlas.

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