22 / 11 / 2017

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Corregir la impulsividad

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Corregir la impulsividadWinner pray

En primer lugar, debe quedar claro que el niño tiene dificultades para regular su estado de activación. Por eso siempre suelo recordar que: “No es tanto que no quieran autocontrolarse sino que no pueden”. Una vez activados (se producen descargas hormonales conjuntamente con emociones intensas de frustración) y se manifiesta la conducta en forma de rabietas, huída, agresión, lanzamiento objetos, etc. Ello no quiere decir que seamos tolerantes, sino que desde la comprensión de lo que pasa, podemos ayudarle de forma más eficaz. A este respecto, hay que señalar, que la mayoría de niños impulsivos suelen luego arrepentirse y se comprometen a no volver a hacerlo cuando se lo razonamos.

No obstante, vuelven a recaer en los mismos comportamientos disruptivos al tiempo que manifiestan una cierta perplejidad o inquietud al verse superados por sus propios actos y no saber por qué vuelve a ocurrir. También puede suceder que estos episodios se refuercen si con ello el niño consigue lo que quiere y, por tanto, puede aprender a manipularnos a través de ellos.

CORREGIR LA IMPULSIVIDAD TERRASSA BARCELONAEl niño debe aprender, aunque aceptemos el hecho de que tiene dificultades para controlarse, que sus actos tienen consecuencias. Por ello, contingentemente a las rabietas, conductas desafiantes, agresiones u otros, deberemos ser capaces de marcar unas consecuencias inmediatas (retirada de reforzadores, tiempo fuera, retirada de atención, castigo, etc.). Por ejemplo si ha lanzado objetos, deberá recogerlos y colocarlos en su lugar; si ha insultado deberá pedir disculpas, etc. Deberemos esperar a que se tranquilice para aplicar las contingencias marcadas.

Es muy importante que cuando se produzca un episodio de impulsividad extrema (rabieta, insultos, etc.) los padres, maestros o educadores mantengan la calma. Nunca es aconsejable intentar gritar más que él o intentar razonarle nada en esos momentos. Esto complicaría las cosas. CORREGIR LA IMPULSIVIDAD 1 TERRASSA BARCELONATenemos que mostrarnos serenos y tranquilos pero, a la vez contundentes y decididos. Por ejemplo, ante las rabietas incontroladas de los más pequeños, decirle: “- Mamá (o papá) están ahora tristes con tu comportamiento y no queremos estar contigo mientras te comportes así”. Los padres se retiran buscando una cierta distancia física (según las circunstancias: calle o casa) pero también afectiva. De esta forma, el niño, recibe a nivel inconsciente un mensaje muy claro: así no voy a conseguir las cosas.

Contingentemente a estas actuaciones, también podemos introducir las medidas correctoras o consecuencias: “- Cómo has insultado a papá (o mamá) hoy no podrás ver los dibujos que tanto te gustan (o no jugarás a la “play”, etc.). Papá está triste porque no quiere castigarte, pero tiene que hacerlo para ayudarte a mejorar”. (Evidentemente este tipo de mensajes se debe adaptar a la edad y características del niño y la familia).

CORREGIR LA IMPULSIVIDAD 2 TERRASSA BARCELONANo entrar en más discusiones o razonamientos en el momento de activación por parte del niño.

Nunca decirle que es malo, sino que se ha portado mal durante unos momentos y que eso puede arreglarlo en un futuro si se empeña en ello. Tampoco hay que compararlo con otros niños que son más tranquilos y se portan bien. En todo caso, recordarle primero los aspectos positivos que probablemente tiene al mismo tiempo que le señalamos los que debe corregir.

Hay que insistir en la necesidad de mostrarnos tranquilos delante del niño cuando queramos corregir sus actos. Si éste percibe en nosotros inseguridad, incerteza o discrepancias entre los padres u otros, percibirá que tiene mayor control sobre nosotros y las rabietas u otras conductas disruptivas se incrementarán. Nunca debe vernos alterados emocionalmente (gritando, llorando o fuera de control). Tampoco debe apreciar nuestras contradicciones, es decir: no podemos pedirle a gritos a un niño impulsivo que se esté quieto y callado.

No basta con saber contestar adecuadamente a sus conductas impulsivas. Estos niños requieren también que les expliquemos qué es lo que les pasa y qué pueden hacer.

Las reflexiones sobre los hechos nunca deben ser hechas “en caliente” sino “en frío”, cuando el ambiente se ha tranquilizado. Un buen momento es por la noche, antes de acostarse.

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