16 / 12 / 2017

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Apego y Trastorno Negativista Desafiante

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APEGO Y TRASTONO NEGATIVISTA DESAFIANTE 2 TERRASSA BARCELONAApego y Trastorno Negativista Desafiante

La vinculación afectiva es uno de los elementos centrales en la relación madre / hijo. Tanto en la paternidad biológica como en la adoptiva, el establecimiento de un correcto vínculo de apego, ya en las primeras etapas, va a tener unas consecuencias concretas en el desarrollo evolutivo del niño y de la relación filoparental futura. Dedicar tiempo, en una interacción de cuidado y atención, por parte de las figuras de apego, es la mejor inversión para garantizar la estabilidad emocional del niño en su desarrollo. El vínculo de apego no debe entenderse como una relación demasiado proteccionista por parte de la madre hacia el bebé, sino como la construcción de una relación afectiva a base de atención y cuidados.

El apego puede formarse con una o varias personas, pero siempre con un grupo reducido. La existencia de varias figuras de apego es, en general, la mejor profilaxis de un adecuado desarrollo afectivo dado que el ambiente de adaptación del niño es el clan familiar y no exclusivamente la relación dual madre-hijo.

La realidad se complica cuando el niño presenta un Trastorno Negativista Desafiante. Los patrones de conducta que se asocian a este trastorno dificultan el establecimiento de vínculos y apegos. Construirlos y restaurarlos formará parte de cualquier proceso psicopedagógico y terapéutico que se emprenda. Renunciar a ello es condenar al niño y a sus padres a una vida emocionalmente inestable y socialmente complicada.

Buscar espacios para reír sinceramente, abrazar tiérnamente, aceptar incondicionalmente, … amar inquebrantablemente…

Nada que ver con el jarabe de palo del que hablan alguno padres “saturados” y frustrados ante la conducta negativista y desafiante de su hijo. Otra cosa es poner límites claros y consecuencias claras. Pero con esto sólo no bastará para crear y/o mejorar vínculos.

La clave es pasar de la palabra a la acción. Decir “te quiero” no es suficiente si detrás de las palabras no se encuentra la conducta que lo evidencie.

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