19 / 08 / 2017

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Mi hijo dice palabrotas. ¿Qué hago?

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QUÉ HACER CON LAS PALABROTAS 1 TERRASSA BARCELONA1. Da ejemplo. Si no quieres que tu hijo diga palabrotas, no las digas tú. Además, lo que no se ha oído no puede reproducirse ni imitarse. Igualmente si gritas, ellos entenderán que el grito es una forma lícita de hablar.

2. Evita reír o sonreír ante cualquier palabrota. Por más graciosa que pueda resultar una expresión o alguna palabrota, reírse de ella es un error porque incita al niño a repetirla.

3. Explica de forma sencilla y clara que estas palabras ofenden, molestan, que no son respetuosas y que sí se las dijeran a él, tampoco le gustaría que le trataran así.

QUE HACER CON LAS PALABROTAS 5 TERRASSA BARCELONA4. Mantén la calma y no le des demasiada importancia, ya que una actitud afectada en exceso por parte del adulto puede producir el efecto contrario, es decir, que el niño sienta que los tacos no son la mejor forma de llamar la atención de sus padres. Lo mejor es reconducir esta etapa con naturalidad para que las palabrotas ” pierdan su poder ” y su efecto para el niño.

5. Ofrece alternativas. Aporta otras palabras a un sentimiento o situación en la que se encuentra el niño. Cada familia puede adoptar las palabras de su entorno cultural y social que sean más oportunas. Enseñar a los niños, por ejemplo, que es mejor decir a su hermano que QUÉ HACER CON LAS PLABROTAS 8 TERRASSA BARCELONAestá disgustado porque le ha roto el cochecito, que llamarle “imbécil” o “burro”. Los padres pueden inventar alguna palabra nueva y divertida para sustituir a una de las ofensivas, “- Campamento!!”

6. Ofrece lecturas para incrementar el vocabulario del niño y hacerle descubrir nuevas palabras, expresiones, exclamaciones,… más divertidas. Si la situación persiste, tal vez los padres deberían valorar otras causas, por ejemplo, si dan suficiente atención al niño o si están siendo demasiado rígidos con su educación. Puede que el niño esté utilizando los insultos sólo para llamar la atención de sus padres. Puede ocurrir que si se porta bien no le hagan tanto caso como cuando él se porta mal.

 

Fuente:

“La crianza feliz”, de Rosa Jové, Ed. La Esfera.

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