22 / 09 / 2017

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Educar la responsabilidad en preadolescentes

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Hay que darle posibilidades de ejercitar su responsabilidad.

La mayor parte de sus actos no están determinados por la premeditación, sino por la postmeditación, una vez que sus padres o profesores le han recordado sus obligaciones. Sabe de antemano que al final tendrá que hacer las cosas, pero todavía necesita con frecuencia el impulso inicial para decidirse.

Sabe que después de una larga conversación con su madre acabará por tener que ordenar la habitación o bajar a hacer ese recado, o que unos cuantos comentarios paternos censurando su pérdida de tiempo a lo largo de la tarde, le harán sentirse lo bastante culpable como para ponerse a estudiar.

Toma las críticas muy a pecho, aunque no siempre lo suficiente como para seguir adoptando, por propia iniciativa, la conducta deseada.

A esta edad, los varones resultan a veces menos diplomáticos con su padre. Las  niñas de esta misma edad suelen mostrarse mucho más zalameras con él, y a menudo –según dicen las madres– son las que mejor lo manejan en la familia. Ellas aprenden mucho antes a reconocer los sentimientos ajenos, y saben elegir con acierto el momento más adecuado para plantear en casa una petición o conseguir un permiso. Una muestra más del desarrollo de su capacidad para contextualizar.

Puede surgir en el chico de esta edad una ilusión grande por cuidar y casi criar a sus hermanos pequeños, con los que quizá apenas sienta ya celos. Sabe cómo jugar con ellos y entretenerlos, y, si los padres saben facilitarlo, es fácil que les tome un gran cariño. Se siente mayor al lado de las pequeños.

No es edad de fuertes sentimientos de envidia. Si siente celos de la mayor atención a un hermanito suele ser más bien por la idea de injusticia comparativa.

También puede admirar o incluso idealizar a un hermano o hermana mayor. Es fácil que confíe más en ese hermano de quince o de dieciocho años que sabe mostrarse atento y comprensivo con él, que en sus propios padres. El hermano mayor puede jugar así un papel importante en su formación. Es ciertamente una labor educativa –muy natural en las familias numerosas– en la que los más mayores educan a los más pequeños, usando la sabiduría que han adquirido, casi sin darse cuenta, observando a sus padres.

Preadolescentes: de los 10 a los 12 años.

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