23 / 07 / 2021

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Sobre la verdad de los problemas

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Para determinar “la verdad”, ningún conocimiento está desligado de su contexto ni de la subjetividad de quién lo emite. Así lo postula la filósofa estadounidense Donna Haraway (n. 1944), para quien el sujeto epistémico privilegiado, es aquel que, por su condición de sujeto oprimido, puede conocer desde un punto de vista menos interesado que el de los sujetos opresores (ese sujeto epistémico privilegiado puede ser desde el obrero frente al patrón, el judío ante al nazi, los pacientes frente al psiquiatra o el niño amenazados por padres maltratadores), y defiende la superioridad del conocimiento de los subyugados sobre el conocimiento del “amo”, siempre parcial y perverso. Conocer y entender la realidad del adolescente es hacerlo desde su perspectiva y no desde la nuestra.

Muchas veces los problemas vienen por no saber o no querer saber, que es peor aún. El esloveno Slavoj Zizek (n. 1949), enfant terrible de la filosofía contemporánea, de gran éxito entre los milenials, lo expresa muy bien cuando se pregunta, qué pasa si la manera en cómo percibimos el problema es parte del problema. Los sesgos, los prejuicios, los estereotipos son humanos, pero peligrosos, porque distorsionan la realidad y nos autolimitan. La incapacidad de ver otros puntos de vista, el autoengaño, la arrogancia, el menosprecio, los tópicos, los estigmas sociales, nuestras visiones equivocadas y parciales, en fin, están conformadas por sesgos cognitivos radicalmente humanos, porque somos frágiles, finitos, contingentes e imperfectos. Hay distintos tipos de sesgos y con diferentes efectos auto-limitantes en la persona (1). Los sesgos son tanto más potentes cuanto más contenido emocional tienen, y en la relación con nuestro adolescente, y también entre adultos en general, lo emocional suele ser dominante.

En algunos momentos, durante la educación de los hijos los padres podemos llegar a padecer el llamado efecto Dunning-Kruger, un sesgo cognitivo según el cual los individuos con escasa habilidad o conocimientos muestran un sentimiento ilusorio de superioridad y se consideran a sí mismos más inteligentes que otras personas objetivamente más preparadas que ellos, alterando, sesgando, cómo se consideran y a sí mismos y a los demás. Creen saber más de lo que realmente saben. En nuestro caso, con nuestros adolescentes, los padres acabamos aceptando como inevitables los cambios que observamos en nuestros hijos, y aquello que nos parecía descabellado y ridículo cuando tenían 14 años, hemos acabado viendo, aceptando, ahora que han cumplido los 17, que no era para tanto, que lo habíamos sobredimensionado seguramente con algún sesgo. Nunca es tarde para ver la realidad de manera distinta.

Para el filósofo francés Maurice Merleau-Ponty (1908-1961), “para poder ver el mundo es preciso romper nuestra familiaridad con él”. En nuestro caso, lo importante será que el adolescente no se acomode con una visión de una realidad que no le gusta a él ni tampoco a nosotros.

Los sesgos acechan, y la sociedad del cansancio, el ruido, la hiperinformación y el todo a cien no facilita la escucha atenta y necesaria para entender y empatizar, o simplemente para conversar. Calma y tranquilidad, pues, para interpretar nuestra relación son los adolescentes.

Para el pensador lituano-francés Emmanuel Lévinas (1906-1995), es en el reconocimiento del “otro” – de su alteridad, de su presencia ineludible, de su singularidad, de sus necesidades y de sus anhelos – donde la empatía alcanza su dimensión plena, siendo el respeto, la compasión y el amor desinteresado los aspectos esenciales para que se establezca un relación ética y responsable.

Somos seres frágiles y sociales; por eso necesitamos de los demás, para sentirnos acogidos, acompañados, protegidos, entendidos, escuchados, comprendidos ante las ausencias y el dolor, ante la pena y la amargura, ante el desconcierto y la duda … Somos finitos y contingentes, por eso nos necesitamos. Para Martin Buber (1878-1965), de nuestra relación con los demás surge el sentido de nuestra existencia: “Soy en tanto que me reconozco en ti, en tanto que confío en ti. Tú me haces yo”. Para Buber, sólo puede educar quien nos inspira confianza, aquel en el que nos reconocemos y nos acoge, aquel que entiende y comparte nuestro dolor y nuestra alegría.

Para el pedagogo de la alteridad Max Van Manen (n .1942), son el amor, la esperanza y la responsabilidad los que nos darán la sensibilidad capaz de captar las manifestaciones de vulnerabilidad de los otros, sus verdades. Esta actitud implica des-vivirse, es decir, vivir en y para los otros: el “Vive para tus semejantes” del que habla el conde de Volney en su obra Las ruinas de Palmira (1791).

Pero si conocer “al otro” requiere inteligencia, conocerse a sí mismo, requiere sabiduría (Lao Tsé). Conecta contigo y procura declarar la paz en tu interior, date treguas y revisa tus autoexigencias. Sincérate; la honestidad y la franqueza proporcionan equilibrio y facilitarán la coherencia en lo que pienses, lo que sientas y lo que hagas. Huye de los diálogos internos limitantes y negativos del tipo “Mi hijo no me entiende” y háblate, y háblale, de forma constructiva, confiada y esperanzada. Empatizar es escuchar con el alma “otras” almas.

La sociedad de consumo, la del todo a cien, crea necesidades superfluas. Nuestros adolescentes no están a salvo de esta generación artificial de necesidades que realizan las grandes compañías con sus sofisticados sistemas de marketing emocional. Haber educado durante la infancia un consumo razonable no nos evitará las tensiones que sobre el cuerpo y la imagen puedan aparecer durante la adolescencia, pero nos facilitará formar en nuestros jóvenes un sentido crítico frente al consumismo.

Por otro lado, en las sociedades modernas, el cuerpo se erige como un protagonista, una expresión y emblema de libertad, identidad, belleza, salud, prestigio, perfección, etc. La característica principal de la sociedad de consumo es su capacidad de transformar a los consumidores en productos consumibles, resultado de lo que el sociólogo polaco Zygmunt Bauman (1925-2017) denominó la modernidad líquida.

Cuida de ti y de los demás. Considera que la relación familiar será satisfactoria en la medida en que te des tiempo a ti y a los demás para crecer y cambiar; será tanto más llevadera la relación con nuestros adolescentes en la medida en que hayamos propiciado y propiciemos, hayamos nutrido y nutramos, la relación de cuidados y atenciones personales. El vínculo entre vosotros será más sólido y seguro en la medida en que acojas y te sientas acogido, intimes sin amenazas y te comprometas éticamente contigo y con los demás en la búsqueda y la práctica de una ética de la alteridad, de la aceptación incondicional del otro como diferente a ti. Singular y único, como tú. Merecedor de tus mismos derechos. (2)

 

(1Especialmente interesantes resultan los estudios sobre “cognición social implícita” realizados por la doctora Mahzarin Banaji (n. 1956) (Universidad de Harvard) en los que aborda el sesgo cognitivo en los prejuicios de género y raciales.

(2) Texto extraído de la ZONA ZEM de mi libro: Valverde Jimena, Javier (Larousse 2019) 40 marrones con hijos adolescentes y cómo afrontarlos con cariño. Un libro pensado para familias con adolescentes que buscan pautas educativas y de comportamiento con las que hacer frente a ese periodo de la vida en el que los hijos inician el tránsito hasta la vida adulta.

Para saber más:

Brunet, D. (Planeta 2017) El cerebro idiota. Para una lectura amplificadora sobre la complejidad de nuestra conducta, el autor muestra una interesante, divertida y fundamentada variedad de casos en los que nuestro cerebro va la suya sin tenernos para nada en cuenta.

Byung-Chul Han. (Herder 2012) La sociedad del cansancio. La sociedad de trabajo y rendimiento no es ninguna sociedad libre. Produce nuevas obligaciones. La dialéctica del amo y el esclavo no conduce finalmente a aquella sociedad en la que todo aquel que sea apto para el ocio es un ser libre, sino más bien a una sociedad del trabajo, en la que el amo mismo se ha convertido en esclavo del trabajo. En esta sociedad de obligación, cada cual lleva consigo su campo de trabajos forzados. Y lo particular de este último consiste en que allí se es prisionero y celador, víctima y verdugo, a la vez. Así, uno se explota a sí mismo, haciendo posible la explotación sin dominio.

Calvete, Esther. y Cardeñoso, Olga. (Psicothema 2001). Creencias, resolución de problemas sociales y correlatos psicológicos. Presenta un modelo estructural entre creencias y resolución de problemas, mostrando asociaciones significativas entre ambos constructos. Se analiza la Necesidad de Aceptación, las Altas Auto-expectativas, la Culpabilidad, la Irresponsabilidad Emocional, la Dependencia, la Indefensión acerca del Cambio y el Perfeccionismo como factores que determinan nuestras creencias y nuestras acciones sobre la realidad.

Kahneman, D. (Debate 2011) Pensar rápido, pensar despacio.  El autor profundiza sobre la llamada racionalidad limitada, las impresiones intuitivas y los diferentes tipos de sesgos cognitivos en la toma de decisiones en situaciones de incertidumbre. Las investigaciones de Kahneman radican en su utilidad para modelar comportamientos no racionales.

Lévinas, Emmanuel. (Pre-Textos 1993) Entre nosotros: ensayos para pensar en otro.  Aborda la racionalidad del psiquismo humano, de la intersubjetividad, de la relación de unos con otros, de la trascendencia del “para-otro” que instaura el “sujeto ético”, el “entre nosotros”. Denuncia que “no hay urgencia alguna en apelar a la ética para elaborar algún nuevo código en el que se inscribirían las estructuras y las reglas de buena conducta de las personas, del dominio público y de la paz entre las naciones, por muy fundamentales que puedan parecer los valores éticos implicados bajo esos títulos”.

Max van Manen. (Paidós 2012) El tacto en la enseñanza. Define la reflexión pedagógica como la forma en que los educadores maduran, cambian y profundizan como consecuencia del hecho de vivir con los niños. Y muestra cómo los procesos de enseñanza requieren tacto: inteligencia interpretativa, intuición moral práctica, sensibilidad y receptividad hacia la subjetividad de los niños y capacidad de improvisación en el trato con ellos.

Mèlich, Joan-Carles  (Herder 2016) Ética de la compasión. La convicción que atraviesa su libro es que el único sustento de la ética es la antropología; una antropología que responde a la condición humana, a nuestra ineludible finitud y siempre desconcertadora contingencia.

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