05 / 08 / 2021

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Relacionarme con mi hijo adolescente

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RELACIONARME CON MI HIJO ADOLESCENTE

Relacionarme con mi hijo adolescente

Lo que caracteriza la adolescencia es una transformación fisiológica. Importa, pues, que los padres hayan prevenido a tiempo a sus hijos. Pero en cualquier caso resultará de ello una fragilidad física y una inestabilidad de carácter que es necesario tener en cuenta. No hay por qué extrañarse en este período de los repentinos cambios de humor o de la desigualdad en el rendimiento escolar o del paso de la alegría ruidosa al gesto sombrío.

Los adolescentes intentan, con frecuencia torpemente, afirmar su naciente personalidad oponiéndose a la tradición, al conformismo, al criterio de los adultos. Pocas veces tienen pensamiento propio y reflexivo. La prueba es que varía con mucha facilidad sobre el mismo asunto con algunos días de intervalo. Se sitúa instintivamente en la oposición de lo que vosotros afirmáis. No saben siempre lo que quieren con precisión. Por lo menos, quieren algo distinto de lo que vosotros queréis, y con frecuencia lo contrario de lo que deseáis. Por otra parte, están dotados de una plasticidad artística y/o técnica que los capacita para interesarse por las actividades más inesperadas, a través de las cuales buscan su orientación y realizan la selección de sus gustos y aptitudes.

No os extrañéis si en esta época vuestro hijo no quiere salir con vosotros. Lo importante – pero este importante es esencial – es que el medio en que busque sus diversiones y descanso sea moralmente sano. Aquí también interviene la elección de la organización juvenil que mejor responda a sus aspiraciones (deporte, teatro, danza, música …).

Estos niños grandes son capaces de entusiasmarse por las cosas grandes y bellas, como también por cualquier pequeñez. No se os ocurra burlaros; son muy susceptibles. No intentéis adivinarlos; son muy suspicaces: se repliegan en sí mismos y se cierran más; son muy celosos de su autonomía, de su independencia. Su personalidad se fortalece. ¡Son muchachos mayores, no chiquillos! Sobre todo, que no les parezca que se los vigila.

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