19 / 08 / 2017

suscríbete: Entradas | Comentarios

share this article on delicious Comparte este artículo en Facebook Comparte este artículo en Twitter Comparte este artículo en Linkedin

Miedo a los perros (Cinofobia)

0 comentarios

“Veterinaris” es un programa de  TV3  que se emite en horarios incompatibles con el descanso infantil. Lástima.

En casa, no tenemos patio, por lo que siempre hemos pensado que mejor no tener animales. Esto va a gustos.

Tula, Nerón, Can (al que sólo conocí durante horas), Darwin (fallecido trágicamente), Golfo (el protestón), Riki (este era un hámster), Toto (todavía viejo y parapléjico), Bobo (el de la foto), Elsa (la aristocrática),  Minuto, Trufa (fugaces) … Nombres de animales (perros en su mayoría) con los que me he relacionado, pero con los que nunca he convivido.

En mis recuerdos más antiguos (yo tendría 3 ó 4 años), distingo un perro (creo que Tula) que me cogía de la muñeca, levemente, casi sin tocarme, y me llevaba junto a mi padre. Siempre he recordado que me había perdido y Tula me había salvado. A pesar, o tal vez por ello, los perros siempre me dieron miedo hasta bien entrado en la adolescencia. Cosas que pasan y que en grados mayúsculos pueden ser signos de cinofobia (fobia a los perros). No es el caso.

Nunca hemos tenido animales en casa (salvo un breve periodo de tiempo, hace años, en el que tuvimos a Riki, un hámster). Descansa en paz bajo un árbol en la montaña de Sant Llorenç del Munt (Serra de l’Obach).

Hasta los 9 años,  mi hija Laia (hoy tiene 11)  los animales en general, y los perros de forma específica, siempre le habían dado miedo, sin llegar a ser cinofobia.  Seguro que yo le transmitía esta actitud.  Una persona, amante de los animales, me comentó que en dos días le quitaba el miedo. Creo que esta persona habría empleado los principios que yo empleé:

1. Principio de habituación: Comencé con Riki, para que Laia tuviera un contacto visual a distancia y una primera aproximación. Buscamos información sobre la criatura para conocer su comportamiento. “Necesita correr porque como es animal de presa, tiene instinto de huir continuamente”. Más tarde, vimos de cerca y conocimos a Bobo, cachorro que Laia pudo coger en sus brazos, tocar, jugar y hablar. Visitamos el zoo y una peluquería canina varias veces.

2. Principio de acercamiento: Fué definitivo que Laia pudiera aprender a conducir a Bobo por la calle. Este “tirar y aflojar de la correa” para que el animal fuera por “donde debe de ir”; el  tener que “conducirlo con la voz y con la correa del collar, respetando las necesidades del animal”, creo que fueron experiencias a partir de la cuales Laia dejó de tener miedo a los perros.

3. Principio de interacción: Esta fase, quizás la más interesante por el enriquecimiento que supone, no la hemos instaurado en casa por el tema del patio. Pero sin duda, convivir con perros y animales domésticos en general, supone importantes beneficios para la educación de los niños y el bienestar de los adultos. Las rutinas mejoran la atención; aprender a controlar la conducta de los animales permite aprender habilidades de autocontrol, la interacción hace crecer la autoestima, establecer y asimilar normas, ejercitar la empatía y la alteridad, enfrentarse a la pérdida … Qué no decir de los beneficios que aporta la interacción para la calidad de vida de los adultos, a los que ayuda a combatir la soledad, por ejemplo.

Anoche, viendo el programa de TV citado al principio, pregunté a mi hija:  “- ¿Con qué animal perdistes el miedo a los perros?”, “- Con Bobo.”  Me contestó.

Si te ha gustado este artículo, te pueden interesar estos:

  • No hay artículos relacionados

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *


3 − = uno

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>