20 / 10 / 2018

suscríbete: Entradas | Comentarios

share this article on delicious Comparte este artículo en Facebook Comparte este artículo en Twitter Comparte este artículo en Linkedin

Manías infantiles

0 comentarios

MANIAS INFANTILESEn muchas etapas evolutivas del niño es habitual que se den determinadas manías, aunque suelen desaparecer de forma espontánea. La actuación de los padres puede ayudar a disminuir o poner fin a las manías infantiles.

Chuparse el dedo

Todos los bebés se ponen el dedo en la boca y lo chupan. Alrededor de los dos o tres años de edad este hábito tiende a desaparecer, ya que el niño aprende recursos para vencer su malestar, como pintar, jugar o abrazar un peluche. Algunos pequeños desarrollan este hábito cuando se les retira el chupete.

Chuparse el dedo puede convertirse en un problema siempre que se dé más allá de los cinco años, puesto que puede deformar los dientes, dificultar el entendimiento cuando el niño habla y convertirle en el centro de las burlas de sus compañeros, dañando así su autoestima.

El chupete

Durante los primeros años de vida, a los niños les gusta llevarse a la boca todo lo que encuentran a su alrededor; es una forma más de conocer el mundo que les rodea. El uso del chupete es un tema muy discutido y controvertido. Tiene sus ventajas y sus inconvenientes: puede ayudar a que el niño se sienta independiente y seguro cuando está solo, por ejemplo durante la noche para dormir, pero el problema es que dependa de él para calmarse, con lo cual se convierte en un hábito. Por tanto, el uso del chupete se debe limitar a periodos cortos de tiempo. Para tranquilizar al bebé podemos probar con otras cosas, como la música o los masajes. A partir de los tres años el uso del chupete puede interferir la independencia del niño si lo utiliza como una forma de mantenerse en hábitos inmaduros, de no crecer, por lo que, antes de llegar a esa edad, es recomendable empezar a retirarlo progresivamente.

Hurgarse la nariz

Se trata de una mala costumbre propia tanto de los niños como de  muchos adultos, con la diferencia de que, antes de los cuatro o cinco años, los niños aún no saben que hurgarse la nariz forma parte de las cosas que no se hacen en público.

Un hecho importante es que el niño no aprende a sonarse la nariz hasta aproximadamente los tres o cuatro años. Muchas veces siente picor debido a alguna alergia o bien tiene la necesidad de liberarse de los mocos secos y no duda en utilizar los dedos para hacerlo. El hecho de hurgarse la nariz de forma continua y persistente puede provocar hemorragias nasales. Enseñarle a limpiarse en privado con agua o papel es importante para la desaparición de este mal hábito que tanto incomoda a los padres, sobre todo si hay gente delante. Recordemos que decirle al niño: “No seas guarro, no te metas el dedo en la nariz”, no suele ser una técnica eficaz.

Darse golpes con la cabeza o balancearse

Es probable que los niños, entre los seis meses y los dos años, adquieran el mal hábito de golpearse la cabeza en la cuna o en la almohada. No hay que alarmarse; lo importante es evitar que se dañen, ya que en este caso sí se trataría de una manía perjudicial. Los pequeños pueden adquirir este comportamiento por aburrimiento, con motivo de una rabieta, para llamar la atención, para conciliar el sueño y, sobre todo, porque les produce alivio a algún malestar.

Morderse la uñas

El hábito de morderse las uñas no suele aparecer antes de los tres años y puede prolongarse indefinidamente. De hecho, es el hábito iniciado en al infancia que mayor continuidad tiene en la edad adulta. Al igual que ocurre con el resto de la manías, por medio de este hábito se consigue alivio para la ansiedad.

En numerosas ocasiones se ha asociado exclusivamente con situaciones de estrés y ansiedad, pero muchas otras veces comienza por simple aburrimiento. Es una conducta frecuente: se estima que casi la mitad de los niños de edad escolar lo han practicado en algún momento de su vida.

Los padres pueden ayudar al niños para que morderse las uñas no se convierta en un hábito que continúe en la edad adulta, cuando ya es muy difícil de erradicar. Recurrir a regaños o amenazas suele ser poco efectivo; por el contrario, puede que aumente su frecuencia. Optar por una actitud positiva y reforzadora suele ser mucho más beneficioso.

Si te ha gustado este artículo, te pueden interesar estos:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *


dos × 4 =

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>