17 / 08 / 2017

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La tolerancia a la frustración

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LA TOLERANCIA A LA FRUSTRACIÓNLa frustración es la vivencia emocional que produce una situación en la que una expectativa, un deseo, un proyecto o una ilusión no se cumplen.

Cuando un niño con baja tolerancia a la frustración no consigue lo que quiere, se enfada o se entristece excesivamente.

Los niños con baja tolerancia a la frustración:

Son más impulsivos e impacientes. Buscan satisfacer sus necesidades de forma inmediata, por lo que el enfrentarse a la espera o postergación de sus necesidades pueden manifestarse con pataletas o llanto fácil.

Son exigentes. Pueden desarrollar con mayor facilidad que los demás cuadros de ansiedad o depresión ante conflictos o dificultades mayores. Ese egocentrismo hace que crean que todo gira a su alrededor, que lo merecen todo, y les lleva a sentir cualquier límite como injusto, pues va contra sus deseos.

Les cuesta mucho comprender por qué no se les da lo que quieren. Esta forma de pensar tiene que ver con su incapacidad para imaginar lo que siente o piensa el otro.

La palabra no (“No saltes en la cama”, “No le quites el juguete a tu hermano”) se convierte en un límite que ayuda al niño a aceptar que no puede hacer todo lo que quiere, que no todo gira en torno a él y que los demás también tienen derechos y necesidades.

La frustración, expresada con gritos, patadas, insultos, peticiones y quejas reiteradas, debe ser un comportamiento temporal. Es importante que los padres sepan qué hacer ante las expresiones de frustración de sus hijos. Si están convencidos de que los límites que marcan son justos, no tendrán problemas en mantenerlos.

Un niño impulsivo no sabe diferenciar lo que desea de lo que necesita. Una de las maneras de ayudarle es evitar que consiga sus objetivos mediante rabietas. De esa manera irá reflexionando y discriminando lo que puede hacer u obtener y lo que no.

También es importante que las metas que se le proponen sean acordes a su edad y sus capacidades. Un niño con menos habilidades puede frustrarse con mucha facilidad. Por eso es fundamental que se valore su esfuerzo por lograr el objetivo, y no el resultado final.

Asimismo, hay que ayudarle a planificar estrategias y a solucionar problemas. Los imprevistos pueden causarle ansiedad y frustración. Para evitarlo es importante enseñarle a anticipar posibles aspectos que puedan salir mal ante situaciones para las que se prepara con mucho entusiasmo. Si el niño está muy ilusionado  con salir un día de pesca y lleva preparando toda la semana sus aparejos, es conveniente advertirle que tal vez pueda llover o anularse la excursión, que tiene que estar preparado por si ocurre y planificar una actividad alternativa, y dejar la pesca para otro día. Lo que pretendemos es enseñarle a que se enfrente de forma positiva a las distintas situaciones que le presentará la vida.

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