20 / 07 / 2017

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El terapeuta familiar

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AAs seen on a Sussex Directories Inc site partir del momento del saludo inicial a la familia el terapeuta tiene que hacer contacto con cada uno de los miembros, y al mismo tiempo responder a las corrientes emocionales del grupo, sean verbalizadas o sugeridas en las expresiones faciales, tonos de voz u otros indicios de la interacción dentro del grupo.

Desde el comienzo (a través de lo que el grupo aporta o de lo que el terapeuta se da cuenta en sus respuestas) debe encontrar las formas de comprometer el grupo de manera que todos sean partícipes y observadores. El terapeuta mismo está sometido al escrutinio del grupo, a requerimientos de atención recíprocamente opuestos, y a la necesidad de escuchar, observar, participar de manera selectiva y distribuir su atención en más de una persona a la vez. Todo lo que sucede se llevará a cabo dentro de las características de la familia particular, “incomunicatividad”, “defensividad”, o fuego cruzado, y todo modificado por la interacción con el elemento nuevo, agregado: el terapeuta familiar.

Nunca es sencillo hacer varias cosas al mismo tiempo. No se adquiere fácilmente la agilidad para ir desde el grupo hacia las parejas y luego hacia individuos, y viceversa. Sólo después de haber efectuado cierto número de sesiones, se logra la síntesis de las observaciones reunidas. Con la práctica el terapeuta se descubre a sí mismo familiarizándose con una variedad de tipos de familias y con una diversidad de situaciones presentadas, incluyendo las circunstancias inesperadas y a veces críticas en las que una familia recurre a la terapia. La capacidad de sentir empatía hacia muchas clases diferentes de grupos familiares, la flexibilidad del estilo terapéutico y de técnicas, junto con el conocimiento y habilidad requeridos, exigen gran amplitud de experiencia vital y adaptabilidad.

Probablemente es imposible que a un terapeuta le vaya igualmente bien o establezca contacto con todo tipo de familias, cada una de las cuales provoca una respuesta diferente, por lo que resulta reconfortante  recordar la afirmación de Frieda Fromm-Reichmann: “nadie tiene, puede tener o debería tener completa seguridad emocional”. La aceptación de cierto volumen de ansiedad representa una de las fuerzas constructivas en el proceso psicoterapéutico, y el terapeuta debe utilizar sus propias ansiedades (a medida que surjan durante la psicoterapia) como un medio de hallar las ansiedades del paciente que han ocasionado la suya propia; este es un ejercicio y una técnica de control emocional y empatía que el terapeuta debe saber utilizar de forma práctica y, como dice Celia B. Mitchell (1), “el conocimiento y la capacidad trasferible (educadora) de que esté dotado” serán decisivos; y continua Mitchell en relación al terapeuta, “sus propias vicisitudes en el nuevo aprendizaje, el des-aprendizaje y el reaprendizaje son una fuerza potencialmente constructiva en su trabajo con el grupo familiar, ya que puede quizás identificarse mejor con los esfuerzos, perplejidades y disparates del grupo en cuestión”.

(1) Celia B. Mitchell “Teoría y práctica de la terapia familiar”. Ed. Proteo

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