20 / 10 / 2018

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El pensamiento estratégico

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Boy playing the chessPodríamos definir el pensamiento estratégico como la capacidad de anticipar acciones y actuar en consecuencia, lo que lo sitúa como piedra angular en la toma de decisiones.

El pensamiento estratégico requiere predecir e internalizar “elecciones futuras en decisiones intertemporales”, y para anticipar mejor la respuesta de los otros en juegos de estrategia.

El pensamiento estratégico es una habilidad de suma importancia en nuestra vida cotidiana. Nos guía en nuestra elecciones y nos ayuda a no ser manipulados por otros o sufrir relaciones abusivas.

Actuar estratégicamente requiere que las personas se pongan en lugar de los demás y piensen lógicamente acerca de sus propios cursos de acción y el de los demás. Podríamos ver una estrecha relación con la empatía.

La psicología evolutiva y del desarrollo cognitivo demuestra que los niños muy pequeños son egocéntricos e incapaces de adoptar la perspectiva de los demás y que no es hasta alrededor de los cinco años que no aparece como tal (Perner 1991). A partir de los cinco años los niños se vuelven menos egocéntricos y comienzan a adaptar su comportamiento a las normas y reglas de su entorno. Piaget llama a esta etapa “descentración”. Pasarán de moverse con unos esquemas en los que no infieren ni se preocupan por lo que los otros piensen, a utilizar unos esquemas en los que atribuyen creencias a los demás y se identifican con ellos.

En cuanto al pensamiento lógico, Piaget señala que su desarrollo ocurre por etapas.

Los niños desarrollan la capacidad de pensar lógicamente sobre lo que observan (lógica inductiva) entre los ocho y los doce años (Feeney y Heit 2007) y comienzan a desarrollar la capacidad de razonar de forma abstracta (pensamiento hipotético y contrafactual) alrededor de los 12 años (Piaget 1972, Rafetseder y otros, 2013).

Recientes estudios sobre el juego han demostrado que los niños y adolescentes son capaces de elaborar estrategias pero los resultados parecen depender en gran medida de la tarea en cuestión (Sher et al 2014, Blake et al., 2015 , Sutter 2007, Fehr et al. 2008). En este sentido se ha investigado para establecer cómo la capacidad de asumir la perspectiva de otro y la capacidad de pensar lógicamente contribuyen al desarrollo del pensamiento estratégico en función de las características de la tarea o el contexto, y cómo el desarrollo de esas habilidades se relaciona con los cambios en el comportamiento hasta la edad adulta.

A niños de preescolar se les ha pedido (Brocas y Carrillo 2017) que completen una serie de tareas que varían en tres dimensiones:

Contexto: algunas tareas son tareas individuales de toma de decisiones en las que los niños deben anticipar sus propios movimientos futuros, mientras que otros son juegos contra el experimentador que requieren la anticipación de movimientos futuros propios y de los adversarios.

Complejidad: algunas tareas requieren pocos pasos de anticipación, mientras que otras requieren más pasos.

Pensamiento lógico: algunas tareas requieren lógica inductiva básica, mientras que otras requieren pensar en el futuro y aplicar el razonamiento de inducción hacia atrás.

El estudio ha revelado que la mayoría de los participantes han sido capaces de realizar la lógica inductiva, pero cada vez menos han podido pensar en el futuro a medida que ha aumentado la cantidad de pasos para anticipar.

El hecho de que el rendimiento en nuestras tareas está inversamente relacionado con la dificultad sugiere que aprender a elaborar estrategias es parte del desarrollo general de las funciones ejecutivas. Este desarrollo es gradual, lo que permite a los niños realizar algunos aspectos simples del pensamiento estratégico temprano y luego extender esta habilidad a situaciones más complejas. A medida que crecemos, adquirimos habilidades de pensamiento lógico más sofisticadas y con ello hacemos más sofisticado nuestro pensamiento estratégico.

Los resultados tomados en conjunto revelan que el comportamiento estratégico es multifacético y depende de una red de habilidades interactivas que se desarrollan gradualmente.

Para desempeñarse bien en entornos estratégicos es necesario haber adquirido diferentes tipos de habilidades de razonamiento lógico y poder aplicarlas en contextos específicos. Algunos entornos requieren argumentos lógicos básicos, mientras que otros requieren teorías abstractas. Comprender cómo el desarrollo de estas habilidades subyacentes impacta el desarrollo del pensamiento estratégico es de suma importancia para evaluar cómo los niños y adolescentes reaccionan en sus propios entornos. Un niño que todavía no es capaz de pensar abstractamente toma su entorno al pie de la letra.

Referencias:

Brocas, I, and J Carrillo (2017), “Strategic thinking in children and adolescents is determined by underlying network abilities”, CEPR Discussion Paper

Brocas, I, and J Carrillo (2017), “The Determinants of Strategic Thinking in Preschool Children”, CEPR Discussion Paper

Perner, J (1991), “Learning, development, and conceptual change Understanding the representational mind”, Cambridge, MA: The MIT Press.

Piaget, J (1972), “Intellectual evolution from adolescence to adulthood”, Human development, 15 (1), 1–12.

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