22 / 11 / 2017

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El desarrollo emocional de los 4 a los 7 meses

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Entre el cuarto y el séptimo mes tu hijo experimentará un cambio espectacular en su personalidad. Al principio de este periodo puede parecer relativamente pasivo, siendo sus principales preocupaciones estar bien alimentado, bien dormido y recibir cariño. Pero, en cuanto aprenda a sentarse, a utilizar las manos y a moverse con mayor soltura, cada vez se volverá más activo y asertivo, y estará más pendiente del mundo que le rodea. Hará lo posible para ver y coger todo cuanto vea, y si no puede hacerlo solo, te pedirá ayuda gritando, haciendo ruido, dando patadas o dejando caer lo que tenga en las manos. En cuanto entres en escena, probablemente se olvidará de lo que quería y se concentrará en ti - sonriéndote, riendo, balbuceando o imitándote durante largos periodos de tiempo. Aunque pronto se aburrirá de jugar con el juguete más entretenido, nunca se cansará de que tú le hagas caso.

Los aspectos más sutiles de la personalidad de tu hijo son en gran parte constitucionales. ¿Es nervioso o tranquilo? ¿De trato fácil o irascible? ¿Testarudo o complaciente? En gran parte, estos son rasgos caracteriológicos innatos y se irán haciendo cada vez más evidentes durante estos meses. No es necesario que todas estas características te gusten siempre – sobre todo cuando cuando tu testarudo hijo de seis meses llora de frustración porque quiere atrapar al gato de la familia. Pero, a largo plazo, adaptarse a la personalidad natural de tu hijo será lo mejor para todos.

Los bebés testarudos y muy excitables requieren una dosis extra de paciencia y que se les trate con suavidad y ternura. No suelen adaptarse a los cambios con tanta facilidad como los niños más calmados y les sienta muy mal que les presionen o les obliguen a hacer algo antes de que estén preparados. De todos modos, con un niño irritable, el mero hecho de hablarle o abrazarlo puede hacer maravillas. Distraerlo también puede ayudarle a refocalizar la atención y a recanalizar su energía. Por ejemplo, si le da por gritar porque tú no le recoges el juguete que ha tirado al suelo por décima vez, acércalo al suelo para que pueda recogerlo él mismo.

Los niños tímidos o “sensibles” también necesitan una atención especial, sobre todo si conviven con otros niños más ruidosos que lo eclipsan. Si tu hijo es silencioso y no reclama tu atención, es fácil dar por supuesto que está bien y, si apenas ríe o sonríe, es posible que acabes perdiendo interés por jugar con él. Sin embargo, este tipo de bebés suele necesitar incluso más contacto corporal que los demás.

A este tipo de niños las cosas “les superan” fácilmente y necesitan que alguien le enseñe a ser más asertivo y a implicarse en las actividades del mundo que le rodea.

¿Cómo puedes conseguir esto? Ten presente que estos niños necesitan una especie de precalentamiento. Por lo tanto, dale tiempo para que se vaya adaptando poco a poco a cada situación y asegúrate de que las personas se le acerquen lentamente. Deja primero que observe las situaciones desde fuera antes de animarlo a que se implique en ellas. En cuanto se sienta seguro, cada vez responderá mejor al contacto con los demás.

En el caso de que te preocupe algún aspecto del desarrollo emocional de su hijo, coméntaselo al pediatra. Él te puede ayudar a tratar los problemas que detecteis, pero hay algunos que es difícil detectar en una visita rutinaria. Por eso es muy importante que comentes con él tus dudas y preocupaciones.

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