12 / 11 / 2018

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Ayudar al desarrollo del lenguaje

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AYUDAR AL DESARROLLO DEL LENGUAJEPautas para ayudar al desarrollo del lenguaje

Cuando se detecte que el niño tiene un retraso del lenguaje, convendría realizarle una evaluación para poder discernir, si se trata de un retraso simple o de un trastorno de desarrollo del lenguaje. En el segundo caso, la forma de actuación la dictará un profesional, o lo que sería más recomendable, un grupo multidisciplinar, formado por un logopeda, un psicólogo, pediatra… El tratamiento irá enfocado tanto al niño como a sus padres, ya que en ocasiones es preciso modificar ciertas actitudes (sobreprotección, poca estimulación…) y enseñar técnicas que ayuden a estimular el lenguaje en su hijo.

Se aconseja iniciar la reeducación lo antes posible, está demostrado que, si existe retraso en edades tempranas, éste  persistirá y facilitará la aparición de dificultades en el aprendizaje de la lectura y escritura. Esta situación de riesgo es tanto mayor cuanto mayor sea el niño.

Desde casa se pueden poner en práctica algunas pautas para ayudar al desarrollo del lenguaje de los niños. A continuación se nombran algunas:

–       Atender todas sus necesidades físicas y emocionales para que se sienta seguro: parece una obviedad, pero dotar al niño de un entorno seguro y estructurado ayudará al desarrollo del lenguaje del niño.

–       Evitar conductas de sobreprotección o las conductas de rechazo: tan inadecuadas son unas como otras. No ayuda al desarrollo del lenguaje que “se lo demos todo hecho” como recriminar o “rechazar sus intentos de comunicarse; en el primer caso, el niño no tendrá la necesidad de esforzarse, y en el segundo, acabará aprendiendo que es inútil intentar hablar contigo cuando él lo necesite.

–       Estimular y potenciar sus capacidades: mediante juegos que estimulen e incentiven sus intentos de comunicación y expresión en palabras. Además, es muy importante alabar sus avances, felicitándole, reconociendo sus avances, etc..

–       Ayudarle en su autonomía personal: ayudarle, no anticiparse a sus necesidades, pero sí repetir cuantas veces sea necesario una palabra para que entienda bien su pronunciación.

–       Reforzar sus logros personales: es muy importante que su autoestima sea correcta y se sienta seguro a medida que va progresando en su desarrollo comunicativo. Se le puede reforzar felicitándole, riéndose, sorprendiéndose exageradamente cuando salga algo bien o pidiendo que lo repita delante de otras personas (“ – Dile a la abuela cómo te llamas”).

–       Darle modelos lingüísticos adecuados, es decir, pronunciar bien, normal, y con una entonación correcta las palabras. La costumbre de hablarle a los niños, “como si fuésemos niños”, repitiendo su “vocabulario” no es nada productivo para ayudarles a desarrollar el lenguaje, aunque esta práctica pueda parecer dulce o llena de ternura para tratar con ellos.

–       Usar sistemas aumentativos de comunicación. Por ejemplo, iniciar una frase o una palabra y dejarla inacabada para que el niño la acabe. Y cuando lo haga, felicitarle por su logro. Tampoco hay que esperar que lo haga bien desde la primera vez, claro está. Un logro es que emita un sonido cuando se espera que lo haga, otro avance es que ese sonido se parezca a cómo debe sonar, y finalmente, emitirá el sonido o la sílaba correcta. Por ejemplo, en la frase:

” – Vamos a beber agua”

Madre: ” – Vamos a beber a…
Niño (1ª vez): aaaa
Niño (2ª vez): ggguuu
Niño (3ª vez): aaaa 

Lo correcto es premiar cada avance, cada progreso.

–       Utilizar apoyos visuales: como dibujos o fotos de las cosas, con el nombre del objeto incluido.

–       Verbalizar no sólo órdenes y demandas, sino también sentimientos, sensaciones, experiencias. Es decir, hablar mucho y de muy diversas cosas delante del niño.

–       Ayudarles con nuestro lenguaje haciéndolo más simple, haciéndolo más lento y pronunciando y vocalizando bien, pero sin exagerarlo. No gritar.

–       Pedirles que nos miren a los ojos cuando les hablemos.

–       Repetir si es necesario y/o intentar decir lo mismo de otra forma, para así enriquecer el vocabulario a la vez que la estimulación.

–       Respetar el turno de palabra.

–       Utilizar gestos naturales para facilitar la comprensión.

–       Adecuar el tamaño y la dificultad de los mensajes al nivel del niño. Nuestro lenguaje con ellos tiene que ser claro y sencillo, pero correcto. Se pueden utilizar muchos ejemplos con cosas que ellos conozcan, por ejemplo, haciendo alusión a cuentos, juguetes o dibujos animados.

–       Evitar enunciados interrumpidos o desordenados. Es decir, no dejar las frases a medias, sin llegar a decir lo que se quería decir (no como el juego que se propuso antes para ir ayudando a favorecer pequeños avances o logros) y hablar con coherencia al dirigirnos a ellos.

–       Favorecer la comprensión por parte del niño con preguntas alternativas. Preguntarle si nos ha entendido utilizando otras palabras.

–       Atender y escuchar antes de hablar. Principalmente para dejarle que se exprese. Es además muy importante NO responder por él, dejar que se exprese libremente, que hable y diga lo que quiere, lo que necesita… mostrando una actitud positiva después por haberse comunicado.

–       Crear situaciones comunicativas donde el niño vea y oiga a la persona con la que habla, y donde se respeten ciertos espacios de tiempo en el que el niño se exprese libremente. Es decir, favorecer situaciones en las que el niño pueda tener conversaciones propiamente dichas.

–       Controlar todo tipo de actitud negativa y de ansiedad ante el lenguaje del niño. Si no se avanza como cabría esperar, no hay que mostrar nerviosismo o frustración delante del niño, y mucho menos regañarle o enfadarse.

–       No usar estrategias tipo “hasta que no me lo digas no te lo doy”. No es nada positivo ni constructivo forzarle a hablar.

–       Eliminar correcciones del tipo “eso no es así”. En su lugar repetiremos la frase o palabra de forma correcta, acortando o ampliando sintáctica o semánticamente si fuera preciso, y pronunciando y articulando de manera clara.

–       No juntar ni suprimir los finales de palabras, como “finde” en lugar de “fin de semana” o “seacabao” en lugar de “se ha acabado.”

–       Evitar interrumpirlo cuando está hablando para corregirle. Además, las correcciones son más apropiadas si se hacen durante la conversación normal, y además no hay que decirle que lo dice mal, si no que nosotros lo repetiremos de manera correcta. Además hay que reforzar cada intento por decirlo bien, no sólo cuando lo diga bien.

–       Enseñarle canciones, poesías, cuentos, adivinanzas…

–       Hacer ejercicios para el control de la respiración y la articulación, como inflar globos, jugar con un pompero, hacer burbujas de jabón con una pajita…

Para el correcto desarrollo del niño, desde la familia, se tiene que colaborar con los distintos profesionales que intervienen en la atención educativa de nuestros hijos e hijas. Además, hay que ayudar a que nuestros hijos tengan un mayor contacto con su entorno social y natural. El nivel de exigencia, tanto en casa, como en el centro escolar (o en el centro profesional donde se le atienda, en el caso de existir un trastorno grave), tiene que estar acorde a su edad y sus posibilidades reales, y es necesario continuar en casa el trabajo realizado en el centro educativo.

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