17 / 12 / 2018

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Ayudar a mi hijo a cambiar

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AYUDAR A MI HIJO PARA QUE CAMBIEPara que puedas ayudar a tu hijo a cambiar conductas es importante que consideres la edad que tiene y actuar en consecuencia.

Si tratas con un adolescente debes considerar cómo son y cómo realizan la toma de decisiones.

Ya que cualquier cambio personal exige compromiso, tiempo, energía y estrategias claras y realistas, es importante reconocer que este proceso puede implicar dificultades y es probable padecer recaídas y volver a etapas anteriores. Por tanto, el modelo que utilizamos aporta esperanza a los individuos ya que, aceptar como normales los fracasos, afecta positivamente la percepción de autoconfianza (autoeficacia). Se debe hacer conocedor al adolescente o al joven de este aspecto, ya que lo empodera frente al cambio.

Las etapas del cambio de Prochaska y Diclemente

Este modelo nos brinda la oportunidad de comprender que el desarrollo humano no es lineal sino circular y que los seres humanos podemos pasar por diferentes fases, y hasta estancarnos y retroceder en el camino del cambio.

A continuación se muestran las diferentes etapas del modelo.

Para explicar el modelo se suele utilizar como ejemplo el caso a un individuo que necesita comenzar a hacer ejercicio físico para mejorar su salud.

Etapa de precontemplación: en esta etapa la persona no es consciente de tener un problema, y es frecuente que tenga mecanismos de defensa como la negación o la racionalización. En nuestro ejemplo, el individuo no tendría consciencia de los efectos negativos de una vida sedentaria o se repetiría así mismo: “de alguna cosa se ha de morir”.

Etapa de contemplación: en etapa la persona se da cuenta del problema, comienza a mirar los pros y los contras de su situación, pero todavía no ha tomado la decisión de hacer alguna cosa. En el ejemplo que utilizamos, sería cuando la persona es consciente de los problemas de salud que puede padecer, pero no ha tomado la decisión de iniciar los ejercicios físicos o repite que “me tengo que poner” o “ya me apuntaré al gimnasio”.

Etapa de preparación: en esta etapa la persona ya ha tomado la decisión de hacer alguna cosa y comienza a dar pequeños pasos. En nuestro ejemplo, la persona prepara la ropa de deporte, queda con unos amigos para practicarlo, se inscribe a un gimnasio, etc.

Etapa de acción: la persona da los pasos necesarios, sin excusas ni demoras. Comienza a hacer ejercicio físico.

Etapa de mantenimiento: una vez que la conducta está instaurada, comienza a ser un nuevo hábito. En nuestro ejemplo, la persona lleva más de seis meses acudiendo frecuentemente a nadar o practica algún deporte de manera habitual. En esta etapa, la persona puede pasar a la etapa de “finalización” en la que el nuevo hábito ya es sólido y es difícil abandonarlo, ya forma parte de su vida; o puede recaer (aunque podría recaer en cualquier etapa), pero nunca volverá a la etapa de precontemplación.

La recaídas

En estos casos, la persona puede:

  • Volver a subirse al cambio, reconocer sus progresos, aprender de la experiencia e intentar no cometer el mismo error otra vez.
  • Ver la recaída como un fracaso y estancarse eternamente sin cambiar.

Por tanto, en caso de recaída debemos hacerle ver que no es un fracaso y animarlo a seguir adelante con el cambio.

Los niveles de cambio

Esta dimensión del Modelo Transteórico de Prochaska y Diclemente nos explica qué cambios se necesitan para abandonar una conducta problemática y nos indican el contenido de este cambio.

Toda conducta se da un contexto y condicionada por determinados factores ambientales. Los distintos condicionantes se organizan en cinco niveles interrelacionados, sobre los cuales interviene el terapeuta siguiendo un orden jerárquico, de más superficial a más profundo. Al estar relacionados, el cambio de un nivel puede provocar un cambio en otro y también es posible que no sea necesario una intervención en todos los niveles, puesto que no todos los niveles tienen por qué afectar a la conducta que se pretende cambiar.

Los cinco niveles del cambio son:

1. Síntoma/situacional (patrón de hábitos nocivos, síntomas, etc.).
2. Cogniciones desadaptadas (expectativas, creencias, autoevaluaciones, etc.).
3. Conflictos interpersonales actuales (interacciones diádicas, hostilidad, asertividad, etc.).
4. Conflictos sistémicos/familiares (familia de origen, problemas legales, red de apoyo social, empleo, etc.).
5. Conflictos intrapersonales (autoestima, auto-concepto, personalidad, etc.).

Normalmente la intervención comienza en el nivel más superficial, y a medida que se avanza, es posible intervenir sobre niveles más profundos. Las razones por las que se suele iniciar la intervención en la situación más superficial se deben a que el cambio tiende a suceder con más facilidad en este nivel más manifiesto ya que es más observable. Este nivel generalmente representa el motivo principal por el que se acude a la sesión de terapia y, puesto que el nivel es el más consciente y actual, el grado de interferencia
necesaria para una evaluación e intervención es menor. Dado que estos niveles no son independientes, el cambio en uno de ellos probablemente provoca cambios en otros.

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