20 / 11 / 2017

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Actitudes e intereses preadolescentes

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Actitudes e intereses: una éPREADOLESCENTES TERRASSA BARCELONApoca de contrastes

A los diez o doce años quizá se encuentre menos seguro que antes sobre su futuro. A lo mejor sueña con ser una gran gimnasta, un gran futbolista, una cantante famosa, o simplemente con tener un caballo o dirigir una granja. Es frecuente que todavía se encuentre bajo la influencia de las profesiones de sus padres, pero puede tener ya sus ideas propias, aunque más confusas de lo que aparenta.

Quizá haya pensado ya en el matrimonio y puede sorprendernos afirmando que no quiere casarse o que le falta poco para hacerlo. En cuanto a los hijos, no sería extraño que explicara con detalle el número de los que piensa tener.

Le hace particularmente feliz el éxito en su trabajo escolar. Al tiempo que le puede hacer perder su buen ánimo una acumulación de tareas para el fin de semana o el día antes de un sencillo examen.

En general no se muestra ahora tan temeroso/a como antes, pero echa bastante de menos la presencia del adulto. A menudo no le hace ninguna gracia, por ejemplo, quedarse solo en la oscuridad. A lo mejor mira debajo de la cama antes de acostarse. O quizá oye ruidos cuyo origen ignora y teme la presencia de un intruso. Puede haberle afectado una película de excesivo terror o suspense, y desde entonces alberga nuevos temores.

Contrasta sin embargo su ánimo decidido y resuelto para muchas otras cosas. No suele tener miedo a la velocidad ni al riesgo físico, normalmente por una falta de experiencia que le lleva a hacerse poco cargo del peligro en general, salvo que la memoria de un accidente le haga ser más prudente.

Se ha tornado mucho más consciente de su aspecto físico. Tiene una clara noción de lo que viste la mayoría de la gente y es raro que vaya en contra de esas corrientes. Si está de moda tal pantalón, aquella camiseta o esa cazadora, no quiere otra cosa. Puede acabar entendiendo muchísimo de marcas de vaqueros o de zapatillas de deporte. Ya no se viste sin más con lo que mamá o papá digan. Ahora quiere elegir y da su opinión y si no le convence la ropa propuesta procura ponerse la que el/ella quiere. Para desesperación de los padres, esta exigente atención a la elección de la ropa no suele extenderse a su conservación y cuidado. Le gusta dejar que se amontone y que sea mamá o papá quien tenga que insistir para que quede bien doblada o para ponerla a lavar o a planchar. Una excesiva transigencia con esa conducta malogrará hábitos como son el preocuparse por sus cosas y tener ordenados su armario y su habitación. Hay que estar encima  y persistir con el ejemplo.

Poco a poco va perdiendo su resistencia a trabajar mostrada en épocas anteriores. Reconoce cuales son sus deberes y no suele oponerse a cumplir con sus obligaciones. Puede no hacerlo por propia iniciativa y sigue siendo necesario recordárselo, pero de tanto en tanto llega a dar pruebas de verdadera buena voluntad. Tiende a querer hacer todo en un minuto, por lo que preparará rápidamente la cartera del colegio o intentará recoger la mesa llevando varias cosas al mismo tiempo a la cocina. Por lo general es más responsable cuando los padres están ausentes o no muy pendientes de él.

Todavía en clase se suceden episodios que tardará en considerar infantiles. Es fácil ver cómo se pelean, hay persecuciones, se esconden carteras, pasan furtivamente los libros de un compañero por todo el aula o se lanzan cualquier tipo de objetos… y disfrutan con ello de una forma sorprendentemente pueril para el observador adulto.

A los ocho o nueve años era casi imposible dialogar con él de modo un poco estable: no fijaba la atención, se distraía con todo, jugaba, no había forma de mantener una conversación por mucho tiempo. Ahora, es ya un hombrecito o mujercita que muchas veces hace gracia por su agudeza y su amenidad.

Se muestra cortésmente amistoso/a, sincero/a  y objetivo/a. Da rienda suelta a su irrefrenable curiosidad. Su atento examen visual de todo le da un sociable espíritu inquisitivo. La conversación suele ser agradable entre el adulto y el niño/a.

Suele hacer comentarios o formular preguntas sobre cualquier cosa que se presente a su vista o irrumpa en su imaginación. Le gusta enterarse de todo. Aunque responde con rapidez, se muestra más reflexivo. Sus frases son claras, espontáneas e interesantes. Cuando se capta su atención, escucha totalmente estático/a y con los ojos muy abiertos.

Su franqueza y su capacidad de comunicación son tan grandes que basta con escucharle con interés para que cuente todo lo que pasa por su cabeza. Si se logra esa confianza, es fácil conocerle y poder así orientarle bien.

Preadolescentes: de los 10 a los 12 años.

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